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Walter Benjamin
La última felicidad

24. March 2008 | 00:30
Walter Benjamin, uno de los pensadores más destacados del siglo XX, fue otra víctima de la agitada época que le tocó vivir. Así de sencillo. Comprometido y de ideas izquierdistas, sufrió en carne propia el horror nazi. Y huyendo precisamente de la demencia hitleriana, este ilustrísimo pensador alemán —judío, pobre y exiliado— se refugió en la isla de Eivissa, un paraíso mediterráneo apenas contaminado, casi intacto, que por entonces ya había seducido a no pocos viajeros europeos y americanos, desde el polifacético dadaísta austriaco Raoul Hausmann hasta el escritor francés Jean Selz, el folclorista germano Hans Jakob Noeggerath, el poeta andaluz Rafael Alberti o el novelista estadounidense Elliot Paul. En aquel pequeño mundo de tradiciones imperecederas, a la orilla de un mar de luminosidad deslumbrante, entre olivos centenarios y arquitectura blanca que recuerda a las casas del norte de África, el gran filósofo alcanzó la felicidad quizás por última vez.
Gracias al Institut d’Estudis Baleàrics y el Govern, con el apoyo del Ayuntamiento de Sant Antoni, los ciudadanos de las Pitiüses, y también numerosos turistas, sobre todo representantes del colectivo de la tercera edad, tuvieron la oportunidad de descubrir o conocer algo más la trayectoria vital (incluso amorosa) e intelectual de Walter Benjamin (1892–1940), que pudo al menos disfrutar de nueve meses de paz y relativa tranquilidad en aquella ínsula fascinante, tres durante 1932 y la mitad de 1933. No faltaron, sin embargo, las dificultades financieras ni los momentos de amargura y soledad. Uno de sus lugares de residencia, Sa Punta des Molí, acogió del 22 de marzo al 21 de abril la que está llamada a ser una de las principales exposiciones del año. Con tanta relevancia que, después de la bahía de Portmany, se trasladará al Casal Solleric de Palma (mayo) y la Feria del Libro de Frankfurt (octubre).
Al celebrarse el 75 aniversario de su llegada a Eivissa, los artífices de esta importante iniciativa cultural con hambre de proyección internacional quisieron rendir un modesto, aunque muy sincero, homenaje a la figura del traductor, crítico literario y narrador berlinés. El objetivo de la muestra no se limitaba únicamente a rememorar un episodio puntual de la existencia de Benjamin, en este caso su largo e idílico periplo ibicenco, sino que además se pretendía abrir de nuevo un debate acerca de las reflexiones en torno a la modernidad, la historia y el arte de un autor que, lejos de hundirse en el olvido, continúa siendo hoy un referente en las universidades.
Eivissa —un escondrijo «provisional, bonito y barato», según el comisario Vicente Valero— supuso la primera escala del exilio definitivo del infortunado Benjamin, quien prefirió quitarse la vida en Portbou (Girona) antes que caer en las garras de los fascistas. Triste final para un gigante del pensamiento contemporáneo que denunció los males de una sociedad enferma, esquizofrénica, y corrompida por los autoritarismos. «Era el ángel caído en combate contra el tiempo», sostiene Gabriel Janer Manila, presidente de la entidad mallorquina organizadora de un evento que debe valorarse en su justa medida, dada la trascendencia del personaje. Buscó la inspiración a mucha distancia de la Alemania desgarrada y la halló, al fin, en un territorio todavía bucólico. Las gentes acogedoras, la «calma interior» y el paisaje, «el más intacto que jamás haya visto», influyeron tanto en su obra como en su espíritu. Por suerte para la humanidad.
Xicu Lluy      Jose A. Porras
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