STYLE Mercados

El templo del producto

01. April 2011 | 23:21
El mercado de San Miguel, situado en la plaza de San Miguel con fachadas a la Plaza del Conde de Miranda y a la Cava de San Miguel de Madrid, junto a la Plaza Mayor, se ha convertido tras su rehabilitación en una de las atracciones gastronómicas de moda de la capital y al mismo tiempo en un ejemplo de cómo recuperar un viejo mercado de ciudad guardando su esencia y adaptándolo a las nuevas ofertas y gustos culinarios. Su éxito está sorprendiendo a los propios madrileños y a los cientos de turistas nacionales e internacionales que lo visitan cada día buscando la sorpresa gastronómica en el templo del producto.
viejo mercado de san miguel
viejo mercado de san miguel
El de San Miguel es el único mercado en hierro que existe en la actualidad en Madrid, una vez que han desaparecido otros ejemplares únicos en su estilo como el de La Cebada y Los Mostenses. Está considerado Bien de Interés Cultural en la categoría de Monumento. En su origen era un mercado al aire libre y en 1835 el arquitecto Joaquín Henri realizó un primer estudio para cubrirlo con unas portadas que eliminaban el mal efecto que los cajones dispares de los comerciantes daban a la plaza. En 1911 se encarga el proyecto definitivo a Alfonso Dubé y Díez, quien lo dota de una planta baja de estructura metálica con soportes de hierro fundido y un sótano para los almacenes. Esta nueva estructura se concluye en 1916.

Un lugar histórico y monumental cargado de reminiscencias literarias.


Su historia está salpicada de momentos importantes

y cargada de reminiscencias literarias, que le convierten

en un lugar histórico y monumental.
La remodelación actual llevada a cabo por el Ayuntamiento ha respetado su estructura y modernizado sus instalaciones sin perder su idiosincrasia y particularidades. Tras dos años de obras ha vuelto a ofrecer desde el verano de 2009 a los madrileños la oportunidad no solo de comprar los productos típicos de un mercado, como frutas, verduras, pan, charcutería, vinos y flores. En los 27 puestos con que cuenta en la actualidad se puede comer y degustar tapas y platos típicos de la cocina local, como el caldo de cocido madrileño, caracoles, potaje de garbanzos, croquetas, tortillitas, un vermut, jerez o vino de barril, una tarta strudel o tartasacher de la pastelería de Viena, un café de Brasil o una degustación de caviar o vodka ruso Per sé.
Los 27 puestos del mercado y los 7 carritos de croquetas que ofertan muchas especialidades y espacios originales como el sushi market o los puestos de vodka y caviar. También hay puestos especializados, como la Casa del bacalao, que ofrece más de 15 variedades de pinchos y tapas de este pescado (tarrinas mohajanan, foie de bacalao, bacalao forrarriero, crema o brandada de bacalao, entre otros); el puesto de aceitunas, con 40 combinados de olivas con pescado, quesos o mariscos; la posibilidad de comprar un pescado fresco para que se lo preparen al instante según el gusto del cliente; comprar una botella de vino para combinar con quesos o jamón cortado al momento. Y para acabar el recorrido gastronómico está el rincón del chocolate y los pasteles, como el Quindi, patalee de Belén con nata de Portugal, pasta de Torres Vedrás o el pastel de Vonzela.
Javier Fajardo Gerez, entusiasta gerente, director gastronómico y cocinero de El Pescado, apunta algunas de sus creaciones en el puesto de pescadería y marisco: pulpo con setas, tortillita de camarones, caldo de garbanzos, anchoas de Santoña con pan de cristal o el arroz de rabo de buey. Ernesto Soriano, de Más Gourmets, corta con esmero más de 30 jamones cada día en su puesto, donde acuden comensales y compradores en busca de una tapa de jamón cortado a mano, lo mismo ocurre con la oferta de platos de quesos variados o las medias botellas de Rioja o Ribera del Duero que circulan de puesto en puesto acompañando a las tapas.
Es un templo del producto donde el consumidor se convierte en amo, chef y señor de su menú.
Es lo suficientemente exclusivo y extraordinariamente libre para dejar volar la imaginación en los placeres gastronómicos que uno pueda intuir y que jamás se atrevió a probar, mezclar o pedir en una barra. Buena muestra de esta apuesta de calidad y vanguardia es que restaurantes de prestigio como el Lhardy tienen su propio puesto de tapas de lujo en este mercado de valores culinarios tradicionales y a la vez, experimental.
El mercado abre lunes, martes, miércoles y domingo de 10 a 24 horas y los jueves, viernes y sábados de 10 a 02 horas todo el año y organiza con frecuencia actividades relacionadas con la gastronomía

Este concepto de gran éxito podría servir de modelo para el Mercado Viejo de Ibiza y sa Peixateria;

El concepto de este singular mercado mantiene una serie de puntos:
Ser una comunidad de empresarios, expertos en su campo y entusiastas de su producto..
Ser el templo de los productos frescos donde el protagonista no es el chef sino el género.
Recuperar la 'temporalidad' de la oferta de mercados y el protagonismo de los cambios estacionales.
Ser un colmado a gran escala, con degustación y comida informal.
Tener un horario amplio y acorde a las actividades y necesidades de los consumidores.
Disponer de medios humanos, técnicos e industriales para realizar análisis sensoriales, catas y juicios gastronómicos haciendo hincapié no sólo en la información del consumidor, sino de su formación, al tiempo que un reflejo de la pluralidad gastronómica de España, con presencia constante de la cultura gastronómica de España.
Juan Suarez       Jürgen Bushe
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