La Festival Medieval nace con la declaración de Dalt Vila como Patrimonio de la Humanidad. Durante el segundo fin de semana de mayo, la ciudad amurallada se transforma en un gran mercado que acoge a todo tipo de actores, cómicos y artistas que representan personajes de la Edad Media. Todos ellos atraen la atención del público con espectáculos de calle, danzas y músicas del mundo. La Fiesta congrega cada año a 100.000 visitantes en los días luminosos de comienzo de verano. Niños y adultos disfrutan de la variedad oferta de actividades, de las delicias gastronómicas que se ofrecen en los puestos y aprovechan para conocer a los artesanos locales, que exhiben esos días sus trabajos al público.
Los pitiusos siempre se sorprenden cuando cruzan el foso que separa la Ciudad Vieja del barrio de La Marina, especialmente en estas fechas, una de las pocas veces al año en que el latente Dalt Vila siente de nuevo la bullidora presencia popular, ávida de participar en una fiesta espectacular y pantagruélica que nos transporta como una máquina del tiempo a la oscura Edad Media. Todo el mundo se siente parte de una fiesta animada continuamente por más de 200 actores que hacen representaciones de todo tipo. Además, los que atienden los diferentes puestos van ataviados de la época (a muchos les va mejor esta austera moda que los histrionismos actuales).
Y el olor. Las milenarias piedras se impregnan de múltiples aromas de diferentes tipos de comida, desde sabrosos chorizos de ciervo a dulces mazorcas de maíz, pasando por empanadas, asados de buey y jabalíes adobados, sobrasadas y cocas, buñuelos, rarezas vegetarianas (aunque en el hambriento Medievo era más difícil encontrar a un villano vegetariano que una aguja en un pajar), quesos que Vuesa Merced tendrá que acompañar con un chato de vino payés o tal vez con ese espléndido Can Rich ibicenco... asaltarán su sentido olfativo hasta embotarlo y sus papilas gustativas le harán la boca agua. Se ofrecen cócteles de jengibre, miel y limón (los del puesto afirman que es más potente que la moderna viagra) al que deberá echar un chorrito de brandy.
Y qué decir de las mujeres medievales que muestran sin recato feminista (están a salvo de poses modernas) escotes vertiginosos para el placer de los epicúreos (los cuales harán peligrosas torsiones de cuello para adoptar el mejor ángulo visual) subimos al milenario Dalt Vila. Y ellas, naturalmente, después de cautivar con las artes de mujer toman la iniciativa: Antonia es una bella al.lota que te toma del brazo y introduciéndote en una alucinante jaima de las Mil y una Noches, donde se sientan odaliscas que narran historias al estilo de Sherezade mientras te ofrecen té a la menta y dulces de pistacho y la posibilidad de fumar alguna hierba prohibida en voluptuosas pipas de agua; después, esta vez del brazo de una mefistofélica Margarita, pasas al lado de la capilla de San Ciriaco (por donde entraron las fuerzas cristianas de Montgrí gracias a los celos de un marido moro burlado que no pudo aguantar la regia cornamenta) y llegas hasta la Plaza de la Catedral. Después una moza—ahora se llama Lorenza—te pasea por los baluartes y te echa en cara que antes de llenar el buche como Carpanta con las delicattesen dignas una posada medieval, deberías haber visto los duros trabajos artesanos: hay un herrero trabajando el metal tal y como lo forjaban hace 600 años y carpinteros como los que armaban las carabelas (bautizadas en honor de las putas más famosas de Cádiz) de Cristobal Colón, maestros artesanos del cuero, del mimbre, el esparto...
Tras haber visto la fabulosa puesta de sol en el baluarte de Sant Jaume, mientras la mar semeja una bañera cósmica entre una amalgama de rosas y azules que desafían la posibilidad del pintor más cromático, uno se marca la machada de que hay que retomar el derecho de pernada y se erige en el Señor de la Plaza, exigiendo que todas las mancebas han de empezar en mi catre antes de acabar en el de sus maridos. Pero entonces, la al.lotas medievales, con mirada pícara en sus ojos chispeantes, te recordarán que tal privilegio maldito nunca existió en las Pitiusas, islas afortunadas donde la gente se encama libremente (recuerden el democrático festeig) pero nunca forzada.
No, no, no. Ni pretendemos ser nostálgicos ni retomar el debate analógico vs. digital; simplemente informar de que cada jueves el bar de Las Dalias ofrece la posibilidad de desempolvar la colección de vinilos -si es que alguna vez tuvo polvo...
Cala Bassa es este mes actualidad y no porque sea el mejor momento para disfrutar de la playa desde una tumbona del CBBC, fantástico, sino porque llega el Quadriatlón Ciudad de Ibiza para celebrar su doceava edición.
40 años se cumplen este 2012 desde aquel primer desfile que dio origen a la Pasarela Adlib. Para celebrarlo, el Consell de Ibiza ha organizado una exposición que ha titulado 'La revolución Adlib'.
Lo suyo es ser un adicto a la electrónica y descubrir en primera persona cómo, cuándo y por qué Luciano, Carl Cox y Oakenfold han llegado a ser lo que son.
El rumbo que inició el mítico multiespacio el verano pasado apuntaba a interesantes cambios con la vista puesta en convertirse en una plataforma para la música, el arte, la moda y la gastronomía.