STYLE Muestras y Ferias

El Circo de los Horrores

01. July 2008 | 11:13
“¿Crees que ya nada te puede asustar?
¿Estás convencido de que lo has visto todo?
Aún no conoces la oscuridad.
No conoces el Circo de los Horrores“.
“Adelante“, invita Nosferatu a entrar, provocando en el público parálisis completas en el cuerpo y sudoraciones frías. La carpa en plena oscuridad y un cementerio gótico de escenario son los elementos que a primera vista ya nos llevan a pensar por qué habremos decidido visitar el espectáculo de Suso Silva, Premio Nacional de Circo en 2003, durante su gira en Ibiza, desde el 2 y hasta el 20 del mes de julio. Nadie está a salvo en su sitio y son casi más de dos horas de show. El autocontrol es la base para no llegar al pánico e intentamos dejar la mente en blanco y tomar las riendas de nuestros pensamientos. Mientras inspiramos, alguien acecha por detrás. “Aaaaaaaaaaaaaaaaaaah yo me voy“, grita mi vecina del palco, sin razonar que no estamos en la casa del terror, sino en el circo.
En el circo nada malo puede ocurrir. El circo es una ilusión apta para todos los públicos y bajo la dirección de Suso parece imposible que el humor no tenga espacio entre tanto monstruo viviente. Lo que el Circo de los Horrores pretende es darle un color diferente a uno de los espectáculos con más historia como evolución de lo tradicional a través de un concepto diferente formado por criaturas de la noche.
Almas perdidas, una niña poseída, el payaso asesino, la segadora de almas o la viuda negra son sólo algunos de los personajes caracterizados para la ocasión, liderados por Nosferatu y con la incursión de una niña siniestra y “muy especial“, Dulce Sara. Todos serán cómplices de mantener el terror en la carpa, así como de interactuar con el público del recinto con momentos realmente divertidos que surgen de la espontaneidad que ofrece el tiempo de la experiencia.
La cultura corporal de este tipo de espectáculos se va desvelando a lo largo del Circo de los Horrores en donde personajes como El Fantasma de la Ópera o los murciélagos provocan el pánico de los presentes con habilidades de acrobacia en auténticos ejercicios de concentración y equilibrio. En la danza de despedida, los monstruos demuestran que sus intenciones no eran las de lamentar paradas cardiacas, sino pasar unas horas de entretenimiento, alegría y emoción, aunque eso sí, con algún que otro susto.
Jillian Canney      Paco Manzano
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