«Hace poco le enseñé a un amigo una foto de la maqueta de Ses Feixes y le dije que había fotografiado Ibiza desde un avión. Me creyó y se quedó muy impresionado», relata María Marí. Una sonrisa recorre brevemente el rostro del orador de la organización medioambiental GEN-GOB Eivissa y, ya con expresión seria, declara que no hay perdón para la degradación de la zona húmeda de Ses Feixes. La maqueta de la feixa restaurada está expuesta hasta el 9 de junio en la sala cultural de la caja de ahorros Sa Nostra. Además, se pueden ver aquí fotografías históricas del aspecto que tenían antiguamente las feixes y hay diagramas y gráficos que explican cómo se podría devolver esta zona a su estado original.
Las feixes se cultivaron por primera vez durante la época islámica, entre los siglos X y XIII. Al igual que en el sur de la península ibérica, los árabes construyeron también aquí un sistema de regadío muy perfeccionado para aquellos tiempos. Se dieron cuenta de las magníficas posibilidades de la llanura que se extiende entre las montañas de Jesús, Sant Josep y Santa Eulària y cultivaron parcelas enmarcadas en fosas de agua de aproximadamente metro y medio de ancho y un metro de profundidad. Aprovechando los arroyos y las aguas subterráneas y del mar podían regar sus campos de un modo ideal. Los canales construidos aproximadamente a 30 cm por debajo de la tierra (fibles) se bifurcaban a partir de las fosas acuáticas y alimentaban siguiendo el principio de capilaridad los campos, de una media de 25 por 75 metros de extensión. Con la ayuda de un portón a modo de esclusa se controlaba el abastecimiento de agua. Se abría cuando llegaban las lluvias y la feixa parecía amenazar con desbordarse, y se cerraba en las épocas de sequía. Hasta la segunda mitad del siglo XX, las feixes funcionaron como huerta de la ciudad de Ibiza. Aquí, entre otras variedades, se cultivaban batatas, patatas, higos, caquis, membrillo, melones dulces y sandías, remolacha roja, coliflor y alubias
Hasta principios del siglo XIX, Talamanca y el puerto actual estaban unidos. Así, las feixes se extendían a lo largo de toda la bahía. En la actualidad se dividen en las zonas de Prat de Vila, la zona limítrofe con la ciudad de Ibiza, Prat de Ses Monges en Talamanca y la zona intermedia, que se extiende desde la Avenida 8 de Agosto hasta el mar. Para volver a llenar de vida estas regiones, GEN propone crear un centro informativo en Prat de Vila o en Talamanca. «Si queremos que esta zona vuelva a estar a punto, en primer lugar es fundamental protegerla. Se trata de un asunto muy espinoso, ya que hasta la fecha el Prat de Vila y zonas de Prat des Ses Monges han sido clasificados por la administración municipal como una mera zona de uso agrícola. Aún no está claro si se van a declarar patrimonio cultural», subraya María. En Prat de Vila, donde antiguamente había 84 feixes a lo largo de 306.000 m², se encontraron hace poco los característicos portones de entrada a las feixes. María considera razonable restaurar estos portones. Añade que, no en vano, se encuentran en las proximidades de un camino histórico por el que antiguamente circulaban carros. Este camino discurría desde la rotonda Juan XXIII hasta el Club Náutico, donde había un molino tirado por bueyes. También podrían volver a abrirse el antiguo Carrer de Murteres y el Carrer de Jesús y los demás caminos. Otro aspecto secundario positivo: se contendría el peligro de inundación en la llanura de la ciudad de Ibiza encauzando el agua de nuevo a sus depósitos originales, se permitiría el flujo de agua dulce por los arroyos y se controlaría la desembocadura de los arroyos en el mar. En Prat de Ses Monges se ha destruido prácticamente el 30 por ciento de los 307.000 m² que estaban divididos en 60 feixes.
Aquí se ha conservado una feixa que sigue destinándose a usos agrícolas. «No creo que en otras autonomías se dejara desaparecer una zona húmeda tan valiosa como la que tenemos aquí, con su particularidad biológica y sus enormes posibilidades de aplicación agrícola», destaca María. Hazel Morgan, coordinadora de Amics de la Terra, opina que las feixes representan un patrimonio cultural especial. En su opinión, la proximidad de África convierte a Ibiza en una importante estación para las aves migratorias. María también hace referencia a que se debe tener en cuenta el valor etnológico del patrimonio cultural. Este se pone de manifiesto en los caminos, los portones y el sistema de regadío. Si se dejan las feixes de nuevo en su estado original, los turistas podrían hacer visitas guiadas por la zona con explicaciones sobre su historia y sus particulares circunstancias medioambientales.
María está convencida de que esto sería motivo de satisfacción fundamentalmente para las personas que trabajan en el sector turístico en Ibiza y Talamanca, ya que les permitiría publicitar las feixes como atracción cultural. Si una civilización fue capaz hace un milenio de crear las feixes con la tecnología de la época y utilizarlas en el modo que conocemos, María considera más que lógico que los conocimientos actuales nos permitan volver a llenar de vida este espacio. La biodiversidad en las feixes aún era enorme hace apenas sesenta años, y los ibicencos incluso practicaban aquí la caza y la pesca. Era una zona rebosante de vida. Sería como un juego de niños volver a dar vida a esta zona. Para ello, bastaría con encauzar agua al lugar, y en poquísimo tiempo volverían a asentarse todo tipo de animales. «Hay animales que solo están esperando regresar al hogar que han perdido durante algún tiempo», afirma Hazel con un brillo de esperanza en la mirada.
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