El sol acaricia mi rostro y abro los ojos perezosamente. Mi primera visión, el intenso azul del Mediterráneo. Me quedaría toda la mañana holgazaneando en esta confortable cama King size con dosel, pero hace un día magnífico para salir en busca de los tesoros gastronómicos que esconde esta ciudad.

Estoy en uno de los establecimientos con más encanto en que he tenido la fortuna de alojarme. En sus 25 años de historia, La Torre del Canónigo ha alojado a personalidades como Dalí, Ursula Andress, Pink Floyd o Jean Paul Gaultier. Me cuentan que recientemente hubo una sonada disputa entre las divas Mariah Carey y Madonna por la mejor suite. Yo también podría haberme peleado con mi propia hermana por la hermosa habitación donde me hospedo. Cada rincón del hotel, decorado con gusto exquisito, ofrece el remanso perfecto donde olvidarse del mundo exterior, pero Ibiza me espera.

Salgo de este oasis de paz y me acerco a desayunar a Mui Mia Café, donde, nada más entrar, su estética relajante que combina maderas claras, cerámicas artesanales y flores frescas me trasmite una poderosa sensación de bienestar. Un paraíso para instagramers con una carta basada en ingredientes naturales y un montón de opciones vegetarianas y gluten free. La variedad de sándwiches, pancakes y bowls frescos me lo pone difícil, pero me decido por su “Avocado Toast Muimia”, con pan de masa madre local y tahini de sésamo negro, zumo recién exprimido y un exquisito expresso. El día promete.

 

Para comer voy a L’apéro, un coqueto bistró francés con un ambiente íntimo. Toda una oda al ritual francés del aperitivo con su cuidada selección de vinos y vermuts. Allí conozco a Giselle, una encantadora brasileña, cofundadora del local junto a su esposo, el chef Armel, y el sumiller Martin. Los tres dirigieron durante años uno de los locales más famosos de la ciudad, el restaurante francés Pastis (2006-2019), pero, tras un significativo aumento del alquiler, decidieron abrir esta propuesta más informal, pero igualmente deliciosa, donde destacan las tablas de quesos, embutidos y conservas, ideales para compartir. Imprescindibles su sopa de cebolla o el confit de pato con una buena copa de vino. Su primer local fue el también popular Bliss (1999-2008) y ahora han abierto Casanis, con bocados deliciosos como el rillette de pato. Giselle, toda amabilidad y simpatía, me cuenta entre risas que muchas noches el ambiente se anima de forma espontánea, llegando a bailar los comensales encima de las mesas.

Al atardecer, me dirijo a disfrutar del aperitivo en uno de los secretos mejor guardados de la ciudad, Petit Vermut. Si, como a mí, te apasiona este licor, disfrutarás a lo grande en este local que recuerda a las clásicas vermuterías del Madrid más castizo, con vistas a la muralla, una excelente selección de vermuts artesanales y un público muy local y auténtico. Un preludio perfecto para mi cena en Es Mercat Ibiza, Premio de Gastronomía de la Ciudad de Ibiza en la categoría de “Restaurante de Tapas”, un local que imprime a la gastronomía mediterránea un toque innovador y muy creativo y que congrega a residentes y visitantes por igual. Como su nombre indica, su propuesta se basa en la cocina de mercado, con una carta que se renueva permanentemente, siempre apostando por el producto local y de temporada. Un festín para para degustar sin prisa en su acogedor ambiente, con platillos deliciosos como su tartar de corvina salvaje, las zamburiñas con espárrago verde y crujiente de papada, su excepcional chuletón de Rubia Gallega madurado o unas croquetas que me dejan pensando si serán las mejores de la isla. Me encanta el detalle de que organicen catas de vinos y otros eventos especiales.

 

Tras una gran cena, toca conocer un poco la famosa vida nocturna ibicenca. Me acerco a Room Service, un sofisticado bar de cócteles que parece sacado de la calle más cool de alguna capital europea. Sus fundadores, un fotógrafo de moda, un mixólogo y un emprendedor, han conseguido el equilibrio perfecto entre la sofisticación de Nueva York, París o Los Ángeles y el espíritu relajado de la isla. Un ambiente efervescente y muy animado, con una clientela muy chic poblada por diseñadores, músicos, artistas y foodies en este bar clandestino con una coctelería impresionante. Difícil elegir, pero pruebo un Dad Lore, con mezcal, vermut, campari y especias y el Underdog, con mezcal, shiso, remolacha y lima. Y en el hielo, impreso su lema “Do disturb”. ¡Sorprendente! El bar ofrece también bocados muy originales, desde tacos de tartar de atún o lobster roll hasta pizzas con un toque diferente. Me quedo hasta la madrugada charlando con nuevos amigos y disfrutando la vibrante energía del lugar. Un broche perfecto para este día cargado de sabores y sensaciones.

Al día siguiente me acerco a desayunar a la zona nueva de la ciudad y descubro Maison Savannah, una original cafetería que rezuma moda, arte y diseño y, de nuevo, de lo más instagrameable. Me tientan sus apetecibles tostadas con burrata, pero finalmente pruebo uno de sus increíbles dulces de inspiración oriental con pistacho, sublime comienzo para este día. Cruzando la calle está el Mercat Nou, palpitante corazón gastronómico de la ciudad, con sus puestos repletos de delicias locales, y me siento a contemplar el bullicio del mercado en Sa Nova Plaça, con una copa de vino de Formentera y una gilda.

Para comer he reservado mesa en Il Dek Bistrot, un romántico restaurante italiano a los pies de la muralla de Dalt Vila, con una carta repleta de pastas caseras, pizzas artesanas, carnes, pescados y variedad de sushi. Me decido por unos gnocchi caseros con gambas de Formentera y su famosa bistecca a la Fiorentina, imposible fallar. Mientras espero la comanda no me resisto a probar uno de sus cócteles mientras observo el incesante caminar de turistas frente al Mercado Viejo.

El día ha sido un verdadero festín de colores, sensaciones y sabores degustados sin prisa. Mi estómago está satisfecho, pero la idea de cenar ya empieza a dar vueltas en mi cabeza. Tiene que ser algo especial. No solo bueno, sino realmente inolvidable. Tres lugares rondan mi mente, cada uno con un magnetismo especial.

1742, ubicado en un palacete del siglo XVIII en lo alto de Dalt Vila, es una experiencia gastronómica de altísimo nivel, con un menú degustación diseñado por el chef holandés Edwin Vinke, con dos estrellas Michelin. El restaurante ha recibido el Premio Gastronómico de Ibiza a “Mejor restaurante concepto”. Un punto de encuentro secreto, transporte privado y un mayordomo que te recibe con champán abren la puerta a una experiencia multisensorial que fusiona gastronomía, arte y música en una realidad alternativa. Pasillos iluminados con velas y salas repletas de arte contemporáneo dan pie a un espectáculo repleto de sorpresas: cantantes de ópera, proyecciones sobre antiguas paredes de piedra y platos que deslumbran. Es una experiencia de ensueño. Pero quizás… ¿demasiado teatral para acudir solo?

 

Luego está Omakase by Walt, joya escondida creada por el chef venezolano de sushi Walter Sidoravicious que ha saltado de boca en boca entre los foodies de la isla. La confirmación de su gran calidad ha llegado este año en forma de estrella Michelin. Solo ocho asientos en una barra. Íntimo y exclusivo, un local que respeta la más auténtica tradición japonesa. Un 10. Pero habiendo estado ya allí una vez y con un recuerdo tan deslumbrante de la experiencia, prefiero decantarme por algo nuevo.

Food Studio en Sa Penya, de la leyenda gastronómica Boris Buono, creador de varios de los platos más exitosos de NOMA en Copenhage (votado mejor restaurante del mundo en varias ocasiones), ofrece una propuesta profundamente creativa con espíritu de laboratorio gastronómico. Cocina honesta y elaborada desde el corazón, pero al mismo tiempo revolucionaria. Algo único. Los mejores productos orgánicos del momento protagonizan un insuperable menú degustación de 14 platos por 130 euros. Una experiencia excepcional.

Tras este festival de sabores y sensaciones, voy a tomar un cóctel a Casa Flow, un local ideado para nutrir cuerpo, mente y alma y donde redescubrir el placer por la cocina vegana. Con su ambiente bohemio y su amable personal, Casa Flow es un soplo de aire fresco en el barrio de La Marina, donde se respira comunidad, sostenibilidad y buen rollo. El local incita a charlar amigablemente con otros clientes, mientras disfruto de la música en directo. Pura magia ibicenca. Más tarde me encamino al cercano Boodiou, en Dalt Vila, combinación de restaurante y coctelería. Me cuentan que ellos mismos destilan sus propios licores. Entre sus muros de piedra y mientras registro cada pequeño y original detalle de la decoración, me muevo al ritmo de la música, contemplo una cascada de sonrisas satisfechas a mi alrededor, y disfruto un Anisette Tonic, con tequila, anís del mono, agua de rosas salada y agua tónica de pepino. Un digestivo que me ayudará a descansar tras esta bacanal de sabores.

Mi última mañana en Ibiza comienza con una parada para el primer café en el encantador Bar Es Cafetí, un pequeño rincón de Dalt Vila decorado con personalidad y un punto kitsch, con detalles sorprendentes y una terraza repleta de vegetación. Un lugar único. La ciudad despierta y recorro sus calles perfumadas por el aroma a pan recién hecho. Mientras paseo por el puerto, admirando el tamaño y elegancia de los yates y esa vista de postal de Dalt Vila elevándose sobre el agua, se me ocurre que después puedo ir a comer a El Náutico. El restaurante, me llama con su fresca terraza sobre el mar con vistas y esa cocina mediterránea tan auténtica. Reservo mesa para conocer este clásico actualizado mientras me dirijo a desayunar a Desiderio. Aquí encontrarás la mejor focaccia italiana casera de toda la ciudad y un ambiente súper agradable. Pero si eres más de dulce, te sorprenderá, como a mí, la gran variedad de tentaciones disponibles.

 

Al caer la tarde me invade el antojo de disfrutar de un helado. Pero no cualquier helado. Recorro las estrechas callejuelas de La Marina, admirado por sus coquetas boutiques y con el sol proyectando reflejos en sus paredes encaladas, y llego a Vivi’s Creamery, una pequeña heladería artesanal con espíritu joven y divertido. Sus sabores cambian a diario, con propuestas creativas como cheesecake de maracuyá, chocolate con sal de Ibiza o helado de lavanda. También cuentan con una gama keto y opciones sin azúcar ni lactosa, máximo placer al alcance de todos.

Tras otro día repleto de vibrantes sensaciones, la noche invita a una experiencia gastronómica que resuene con el alma de Ibiza. Si bien Sa Cova ofrece una experiencia culinaria única con vistas a Dalt Vila, alma de bistrot parisino con influencia argentina, y un entorno que incluye una cueva natural, me siento más atraído por el íntimo encanto de Majorelle. Inspirado en el jardín homónimo de Marrakech, Majorelle es un restaurante fusión con toques árabes y mediterráneos. Azulejos, azul profundo, detalles dorados, una suave iluminación y una atmósfera delicada y discreta invitan a degustar sin prisa sus tentadores platos.

Mi travesía gastronómica en esta ciudad de maravillas llega a su fin. Y como colofón, decido dirigirme a uno de sus puntos de encuentro por excelencia: UP, el Rooftop de The Standard. Desde mi privilegiada atalaya, mientras suena la música del Dj y contemplo la majestuosa silueta iluminada de Dalt Vila, tengo en mis manos un “Ibiza Sunset”, una mezcla refrescante de ginebra local, cítricos y un toque de hierbas aromáticas que captura la esencia del Mediterráneo. Cada sorbo es un homenaje a los sabores descubiertos durante estos tres días de exploración culinaria. Mientras las luces de la ciudad comienzan a titilar, reflexiono sobre la diversidad y autenticidad de la gastronomía ibicenca. Desde bares de tapas tradicionales hasta innovadores restaurantes de autor, la ciudad ha demostrado ser un verdadero paraíso culinario.

Con el último trago de mi cóctel y una sonrisa satisfecha, me despido de esta aventura gastronómica, sabiendo que los sabores de Ibiza permanecerán en mi memoria mucho después de haber dejado la isla.

 

Photography: Guido Vincenzini

Model: Agnieszka Harla

Hair & Make Up: Aura Ruiz