Hay quien construye discotecas. Otros se pasan la vida intentando comprender qué es lo que las hace inolvidables. Aaron Mellor, a través de su empresa Tokyo Industries, lleva más de tres décadas dedicado a ambas cosas. Desde la legendaria Haçienda de Mánchester hasta el nuevo ‘listening club’ de Ibiza, su objetivo es crear algo extraordinario. Su último proyecto, Nocturna, nace de una idea sencilla: cuando la música se escucha tal y como debe escucharse, tiene el poder de unir a las personas.

En las reflexiones de Aaron Mellor aparece una convicción recurrente. Más allá de las historias de Mánchester, Los Ángeles, Nueva York, Ibiza y de décadas dedicadas a la vida nocturna, subyace una idea sencilla: la música tiene el poder de conectar a las personas de una forma auténtica. No a través de producciones más grandes ni de luces más brillantes, sino de momentos compartidos, un sonido extraordinario y un sentimiento de comunidad. Mucho antes de convertirse en la fuerza creativa detrás de algunos de los conceptos más ambiciosos de Ibiza, Mellor creció en Mánchester durante una de las etapas más influyentes de la historia de la música británica. “Fue un momento realmente crucial. A finales de los 80 y principios de los 90, “Madchester” era la capital musical del mundo”.

Antes de que los algoritmos decidieran lo que la gente escucha, la música viajaba por el mundo en oleadas. En un momento dado, el foco estuvo en Mánchester; luego pasó a Seattle con Nirvana y el grunge; después a Nueva York con The Strokes; y, finalmente, regresó a Gran Bretaña con el britpop, Oasis y Blur. “Es interesante cómo la música ya no se mueve en oleadas geográficas”.

Para Mellor, no fue sólo la música lo que dejó huella. Su primera experiencia en un club fue en Butterfly’s, en Oldham, al norte de Mánchester, cuando apenas tenía diecisiete años. “Me dejó alucinado. Era como un parque temático de música, alcohol y chicas. No era precisamente “cool”; era muy comercial, pero la interacción era increíble”. Poco después empezó a frecuentar la legendaria Haçienda. Atraído por su pasión por el grupo New Order y su sello Factory Records, descubrió algo que marcaría el rumbo de su vida.

“Me enganché. No sólo al club, sino a la moda, la arquitectura, el diseño, el impacto social, Factory Records de Tony Wilson, el estilo gráfico, el caos y, sobre todo, su filosofía de “el arte por encima de los negocios”. Lo cambió todo para mí. Estaba obsesionado”. Esa combinación de música, creatividad, arquitectura y diseño se convirtió en la base de todo lo que vendría después.

Aunque inicialmente se había formado como jefe de proyectos en la construcción de grandes edificios, Mellor regresó a la universidad durante la recesión de principios de los noventa para estudiar arquitectura. Al quedarse sin dinero, convenció a alguien para que le dejara pinchar. “Nunca lo había hecho antes. Tenía una buena colección de discos y pensé: “¿Qué dificultad puede tener?”. La respuesta resultó ser más complicada de lo esperado, pero la experiencia le reveló algo mucho más importante.

“Me di cuenta de que, si eras a la vez DJ y promotor, podías controlar toda la noche de principio a fin: desde el diseño gráfico de los flyers y la marca hasta la música, las proyecciones y la imagen de la pista de baile”. Para él, más que pinchar discos, lo importante era crear una experiencia y construir una comunidad. Mellor lo llama “arquitectura social”: la forma en que las personas se mueven por los espacios, la superposición de experiencias y la creación de expectativas. Se dio cuenta de que diseñar un club no era tan diferente de diseñar un edificio, aunque a otro nivel. Ambos moldean la forma en que las personas experimentan un lugar y las emociones que despierta.

Si Mánchester moldeó su ADN creativo, Ibiza cautivó su imaginación. Su primera visita a la isla, a mediados de los años noventa, sigue siendo inolvidable. “Me bajé de un Discobus abarrotado y caminé por aquella carretera a oscuras hacia Ku Club. Pensé que había llegado a la discoteca, pero entonces me di cuenta de que estaba en un balcón contemplando un espacio gigantesco. Manumission era un caos desorganizado a un nivel espectacular”.

Aquellas noches le dejaron una huella imborrable, pero también la propia isla. “Se mezclaban el caos absoluto y la increíble tranquilidad de Ibiza: las playas, Es Vedrà, las montañas y el sol. En Mánchester no tenemos mucho sol”. Como tantos otros antes, nunca se marchó del todo. “No hay ningún otro lugar en el mundo como éste”. Sin embargo, Mellor habla con franqueza sobre la realidad de montar un negocio en Ibiza. “Siempre quise que Ibiza fuera un refugio porque hacer negocios aquí es difícil. Casi imposible, para ser sincero. Esta isla no es el lugar ideal para dirigir una empresa. Todo es veinte veces más difícil que en cualquier otro lugar del mundo. Pero esa dificultad también se convierte en un reto”.

Los proyectos han ido y venido. Ideas retrasadas y frenadas por la burocracia y los problemas con las licencias. “He tenido mi buena ración de contratiempos ilógicos y burocráticos. Conceptos e ideas increíbles aplastados por una legislación, a menudo, absurda y contraproducente”.

A pesar de los obstáculos, su cariño por la isla nunca ha disminuido. “Puede que Ibiza esté en su momento más comercial, pero espiritualmente siempre ha mantenido esa magia tan especial”.

Hoy, desde su hogar en Cala Tarida, esa magia sigue revelándose en los momentos más tranquilos. “Las puestas de sol son increíbles. Cala Comte, Time & Space, Es Vedrà… son lugares muy queridos para mí”. Con más de tres décadas dedicado a la vida nocturna, Mellor ha sido testigo de la profunda transformación de la cultura de club. Hoy, con Djs superestrellas cobrando cachés antes inimaginables, asume que la industria ha cambiado inevitablemente. “Ahora se trata más de vender una marca que de la música. Y eso no es malo. Simplemente es algo muy diferente”. Recuerda cuando noches como las de Manumission difuminaban la frontera entre público y espectáculo. “Tú formabas parte del espectáculo”.

Hoy en día, demasiada gente vive la noche a través de la pantalla del móvil. “Las pistas de baile son para evadirse. Son un lugar donde escapar de la vida cotidiana. Basta con que llegue un email, un WhatsApp o un mensaje de texto para volver de golpe a la realidad”. Y añade una reflexión con la que muchos clubbers se sentirán identificados. “Y luego está el típico payaso grabando diez minutos de la sesión del DJ. ¿Cuándo vas a volver a ver eso? Y, si lo haces, sonará fatal porque está grabado con un móvil”.

Para Mellor, sin embargo, la respuesta no está en la nostalgia. No se trata de recrear el pasado, sino de recuperar aquello que hizo que aquellas noches fueran especiales. Esa filosofía es la base sobre la que nace Nocturna. “Creo que Ibiza se encuentra en un punto de inflexión. Los clubes se han convertido en gigantescas máquinas con formato de festival. Son espectáculos increíbles, pero también se han vuelto impersonales”. En vez de competir con los locales más grandes de la isla, Nocturna ha apostado deliberadamente por la intimidad frente al espectáculo. “Un momento atrapado entre el pasado y el futuro; una psicología del sonido y del color rojo”.

En lugar de basarse en las celebridades, el proyecto gira en torno al sonido. “Hemos invertido tanto dinero en el sistema de sonido como en todo el resto del diseño del espacio. Al fin y al cabo, la música es el corazón de lo que somos y de lo que debería ser un club”. Inspirado en los ‘listening bars’ japoneses, Nocturna combina una acústica excepcional con una pista de baile íntima, diseñada para fomentar la conexión en lugar de la distracción. “Queremos que la gente escuche canciones que ha oído mil veces y, de repente, descubra nuevas dimensiones en esa música”. Y lo más importante, espera que se lleven algo más que la propia música: “Conocer gente nueva, hacer nuevos amigos y construir una comunidad”.

Nocturna no es el primer intento de Mellor de crear un espacio así. Proyectos anteriores, como HANGAR 8289 y NUI, acabaron fracasando por los problemas con las licencias y la burocracia. “A la tercera va la vencida… Esta vez hemos venido para quedarnos”.

A lo largo de la conversación con Aaron Mellor hay una idea que aparece una y otra vez. No se trata de hacerlo más grande, ni más ruidoso, ni más caro. Si no, simplemente, más humano. Quizá por eso Nocturna no parece tanto la apertura de otra discoteca en Ibiza como al último capítulo de una búsqueda que ha durado toda una vida: crear espacios donde la música se escuche de verdad, los desconocidos se conviertan en amigos y nazcan comunidades. O, como dice el propio Aaron Mellor: “El alma siempre tiene que ver con las personas, con la comunidad, con una forma compartida de entender las cosas”.

Y quizá su reflexión final lo resuma todavía mejor: “La intimidad es siempre un lujo”.

En una isla conocida por sus famosas discotecas, Aaron Mellor apuesta por algo diferente: que el futuro de la vida nocturna no esté en ser cada vez más grande, sino en volver a acercar a las personas.

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