Ibiza siempre ha sido un imán para creativos, artistas y espíritus libres fuera de lo convencional. Harry Russell, es uno de ellos. Fotógrafo autodidacta, cineasta y autor, este ciudadano del mundo ha encontrado en la Isla Blanca una fuente de inspiración a la que regresa una y otra vez. En 2026, Harry celebra sus 20 años como fotógrafo y trabaja en su primer libro, una obra que conmemora no sólo su trayectoria, sino también su inspiradora historia: un relato de perseverancia, valentía y aventura, intrínsecamente ligado a Ibiza.
El interés de Harry por la fotografía nació en su infancia, viendo cómo su madre inmortalizaba los recuerdos familiares. “Era una aficionada que utilizaba cámaras muy antiguas de los años noventa. Siempre estaba haciendo fotos y grababa todo lo que yo hacía con una videocámara”, recuerda. “Creo que haber estado delante de una cámara desde tan pequeño influyó, de forma inconsciente, en que acabara sintiéndome atraído por ella”.
Sin embargo, Harry perfeccionó su técnica lejos de las aulas. “No se me daba muy bien el colegio. Incluso suspendí Fotografía”, cuenta entre risas. “Mi profesor me dijo que mi trabajo era una porquería y que si seguía así nunca llegaría a ninguna parte. No diría que tuviera un talento natural, pero siempre he sido una persona creativa. Mi pasión por la cámara y por la creatividad hizo que encontrara mi propio camino y mi propia forma de aprender. Y así empecé a destacar y pude viajar por todo el mundo, ganándome un reconocimiento internacional como fotógrafo y cineasta”.
Harry llegó por primera vez a Ibiza en 2010 y, como tantos otros, tiene una divertida anécdota que contar. “Mis amigos me apuntaron, como broma, a un casting de baile para The Zoo Project… ¡y acabé consiguiendo el trabajo! Pero me entró el pánico y regresé al Reino Unido, a mi trabajo de oficina atendiendo llamadas en una centralita de taxis. No volví a la isla hasta 2014, esta vez con una cámara”.
Hoy es raro encontrarlo de fiesta, Harry prefiere el lado más tranquilo de la isla. “La naturaleza, el bienestar y las puestas de sol. Yo estoy aquí para disfrutar del día”, explica. Apasionado del buceo en apnea, le encanta capturar los paisajes submarinos de la isla. “Las aguas de Ibiza son las más cristalinas que he visto en los 53 países que he visitado”, afirma. “También me encanta fotografiar las antiguas casetas varadero. Me gusta mostrar la Ibiza tradicional más que su imagen de lujo”.
Harry define su estilo como emocional, marcado por la luz natural y los tonos cinematográficos. Trabaja principalmente al aire libre, siempre conectado con la naturaleza o explorando el contraste con texturas urbanas. Después de dos décadas tras el objetivo, ha sido testigo de enormes cambios, no sólo en la tecnología, sino también con el auge de las redes sociales.
“Empecé antes de que existiera YouTube, utilizando cámaras de cinta. He pasado por la era analógica, los inicios de lo digital y todo lo que tenemos disponible hoy en día. Aun así, sigo sintiendo predilección por los equipos vintage; hace poco volví a comprar una vieja cámara de cinta. Me gusta volver a mis orígenes”, reflexiona. “Las redes sociales han convertido el arte en una carrera constante. Nos obligan a producir contenido sin parar y eso le roba al arte parte de su creatividad. Estoy intentando volver a crear para mí mismo más que para los clientes. El arte necesita tiempo. No debería hacerse con prisas”.
Al mismo tiempo, Harry no teme ponerse a prueba. “Siempre se me ocurren ideas locas. Y hay mucha gente que, a lo largo de mi vida, me ha dicho que no debería hacer esto o aquello, que fuera más realista o que eso nunca funcionaría. He aprendido a no escuchar ese ruido. Si crees que algo puede hacerse, estás lo suficientemente loco como para intentarlo y tienes la determinación necesaria, entonces todo es posible”.
Una confianza que también nació en su infancia. “Siempre he tenido esa convicción interior porque crecí observando a mi padre, que para mí es como un superhéroe. Ha hecho cosas increíbles”, afirma. “Lo he visto practicar deporte de competición hasta los cincuenta años, recorrer el mundo como músico tocando en varias bandas y crear su propio sello discográfico en el sótano de nuestra antigua casa. Cuando se dio cuenta de que aquello no bastaba para mantener a una familia, se reinventó y entró en el mundo de los negocios, donde también le fue muy bien”.
Al igual que su padre, Harry también ha tenido el valor de reinventarse, sin alejarse nunca de sus inquietudes creativas, pero canalizándolas hacia nuevos proyectos. Además de trabajar en la edición de su libro, en febrero de 2025 organizó y dirigió en Bali su primer retiro creativo y de estilo de vida, “Tropic Lust”.
“Decidí invertir en una villa espectacular para todos. Parecía que todo estaba en mi contra y que era una locura hacerlo. Incluso intenté cancelarlo porque no había vendido ni una sola plaza, pero seguí adelante, llené el retiro y conseguí crear algo realmente espectacular. Fue aterrador hacerlo completamente solo”, admite.
Harry está preparando la publicación de un libro de fotografía que reúne 20 años de trayectoria. Actualmente está inmerso en la difícil tarea de seleccionar 200 fotografías entre una impresionante colección de más de 18.000 fotos.
Sonríe y concluye: “Tener un padre emprendedor y músico me enseñó que todo es posible. No existen más obstáculos que los que uno mismo se pone delante. Así es como yo lo veo”.
