Hay algo en la manera de cocinar de Lorena Delgado que convoca más que simples sabores, por delicados y sabrosos que sean. Quizás porque lo que cocina no solo alimenta: abraza, recuerda, acompaña, sana. Sus gestos al cocinar son suaves pero firmes. Todo lo que hace esta chef lo hace con intención. Y esa intención es clave en todo lo que cocina.
Lorena Delgado aprendió a mirar el alimento como algo sagrado. Desde niña, observaba a su madre cocinar sabiduría ancestral. En el Pacífico colombiano donde nació, entre mujeres y celebraciones, descubrió que en la cocina no solo se mezclan ingredientes, sino memorias, cuidados y afectos. Sin embargo, su vocación como chef surgió cuando se instaló en Barcelona, hace 24 años, donde se abrió a un universo de sabores. Se formó de manera autodidacta desde casa, hojeando revistas, probando casi todo alimento que encontraba en su camino. Luego, curiosa, practicando recetas y sentándose a comer en cientos de restaurantes. En ese viaje sensorial entendió que el producto lo es todo. Gracias a una relación cercana, sumiller en El Bulli, tuvo la oportunidad de probar los mejores productos: “Se me quedó muy grabado a qué sabía el buen producto, esa fue una gran escuela”. Más tarde llegaría la formación en Ayurveda y medicina tradicional china, que terminarían de moldear su visión: la cocina como medicina, el alimento como equilibrio. “Comer es el acto que más repetimos en la vida. Según cómo lo hagamos, podemos nutrirnos… o no”.
En 2015 llegó por primera vez a Ibiza, para trabajar en la Mezcalería Mexiterránea en Dalt Vila. Desde entonces, la isla no ha dejado de devolverle inspiración. Aquí ejerce como chef privada, una forma de trabajo que le permite cocinar con calma, desde la raíz, escogiendo cada producto, adaptando el menú al cuerpo y a las estaciones. Ha trabajado en villas, barcos, yates y chalets en lugares tan distintos como los Alpes, Turquía o Grecia. Con su marca “Cocina D’instinto” organizó diversos eventos como sesiones de Yoga & Brunch y fue elegida para un spot de Schweppes que dio la vuelta al mundo. Pero es en Ibiza donde ha encontrado el entorno ideal para desplegar su cocina más íntima, libre y comprometida.

Lorena cocina con lo que hay. No sigue recetas fijas ni combina por tendencia. Sabe improvisar desde el instinto. Prefiere el producto local y de temporada, y evita ingredientes ultraprocesados, congelados o industriales. No mezcla carne y pescado, no usa preparados comerciales. Las bebidas las prepara ella misma: fermentos de piña, jugos de hibiscus, limonadas de plantas que recoge o cultiva. “En mi cultura todo lo intentamos curar con plantas. Las utilizo para cocinar, como ingrediente que aporta un beneficio”.
En su cocina no hay platos pesados por la noche, ni extravagancias sin sentido. Cada ingrediente tiene un porqué. Su enfoque es intuitivo, pero también técnico y profundo: domina la alquimia de los alimentos, cómo se combinan para favorecer la digestión, la energía o el estado emocional. Por eso, cuando cocina para otros, lo vive como una misión. “Hace poco, en un evento que organicé, una de las chicas de mi equipo no se sentía bien. Estuvo tomando la infusión de hibiscus que había preparado y al día siguiente me envió un mensaje de agradecimiento por su total recuperación. El alimento puede ayudar más de lo que creemos”.
El vínculo con su tierra Buenaventura sigue latiendo fuerte. Cada año pasa unos meses en Colombia, donde imparte talleres y acompaña proyectos de fortalecimiento comunitario. Creó la primera coctelería orgánica y autosostenible del Pacífico, con el viche, destilado tradicional de caña al que se le atribuyen numerosas propiedades curativas, como base. También organiza comidas de agradecimiento en Ibiza, donde siempre prepara un gran sancocho para compartir con amigos. “Me gusta alimentar recuerdos. A veces cocino platos muy tradicionales, aunque los adapte para que sean más ligeros. Porque dar de comer también es acompañar la memoria”.
Hoy Lorena Delgado está a punto de publicar un proyecto muy especial: un Diccionario Gastronómico del Pacífico, que verá la luz este 2025. Un libro que recoge ingredientes, recetas, historias y usos tradicionales, como un acto de amor hacia su cultura. “Es una forma de dejar memoria escrita. Todo va cambiando. Mi madre aún raspaba el coco con una concha de molusco, y eso ya casi no se ve”.
Para ella, cocinar es un acto de presencia y también de celebración. Un arte que se comparte desde el respeto, el gozo y la escucha. Mientras cocina, Lorena piensa en sabores por descubrir, en platos que aún no ha creado, en encuentros que todavía no han ocurrido. Le ronda la idea de cenas con músicos, de experiencias que crucen culturas y sentidos, de espacios donde la comida sea un lenguaje compartido. Porque Lorena no cocina solo para nutrir. Cocina para invocar belleza, para armonizar, para abrir un espacio de intimidad con el mundo y para que te sientas vivo.