Cada año cuando los almendros están empezando a florecer, el equipo de Nagai realiza un viaje para descansar, investigar y desarrollar. Este año, la idea era de descansar y relajarse en Asia: masajes, aguas termales, compras y muy buena comida, para visitar la familia de nuestro chef Reina y poco más… ¡Dicho y hecho!

Las vacaciones en Nagoya, Osaka y las aguas termales de Awara fueron increíbles y muy relajantes; la calma antes de la tormenta. De repente, estábamos atrapados en un torbellino de comida, reuniones, visitas, promesas y ¡mucho sake! Todo ello organizado por nuestro amigo en Tokio, Eryu, una de esas personas especiales que nunca encontrarás enfadad o con un comportamiento arisco…¡es como un hermano de otra madre!

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Cuando llegamos a Kyoto, Eryu no estaba allí, pero nos mandó a su amigo Hasegawa para que nos guiara por las calles (y los bares y restaurantes) de la zona conocida como Gion, el hogar de las Geishas y Maikos. Hasegawa fue un anfitrión exigente y muy generoso que nos hizo disfrutar hasta la madrugada de los mejores manjares de la cocina regional japonesa junto con deliciosos sakes. Un hombre cuya sonrisa animaba a seguir la degustación en otro lugar durante la madrugada del frío febrero.

El Templo de Oro, visto a través de una tormenta de nieve, los turistas chinos y la pureza del té verde, son esos recuerdos que llevaré conmigo siempre y que espero contar a mis nietos algún día. El encuentro del hombre, la naturaleza de ahora con lo que el hombre y la naturaleza crearon hace años, se trata de uno de esos pliegues en la tela del tiempo y el espacio que permanecen indeleblemente grabados en el continuo recuerdo de este humilde viajero.

A la mañana siguiente, aún un poco abrumados tras el Golden Koy en el lago del Templo Dorado, Eryu finalmente apareció y nos llevó a nuestro primer encuentro serio con un antiguo maestro del sake, y así comenzó la iniciación a la Sociedad del Sake. El honorable Tokubei Masuda, el 16º maestro de sake de la misma familia y con el mismo nombre (una familia donde nacieron todo varones al principio), fue un anfitrión muy cortés que nos mostró todo el proceso con una elegancia y una sencillez de otro nivel. Cada botella de sake es una obra de arte que refleja la creatividad y la expresión. Desde la forma de la botella a la compleja etiqueta, el sake ofrece una exquisita variedad de sabores, texturas y perfumes que se anunciaban en cada pequeño vaso de degustación, como si supiéramos lo que hacíamos.

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Sorprendentemente, nuestras ideas preconcebidas de lo que era el sake quedaron anuladas tras unas cuantas catas: el seco, con sabor a fruta, dulce, salado, espeso, cremoso, versiones con gas, y sólo era la punta del iceberg… Al final probamos alrededor de 19 tipos y con el estómago vacío. Sin embargo, creo que recuerdo vagamente que hicimos un buen trabajo a la hora de apreciar los matices y las sutilezas de este elixir de la eterna tradición.

Tras este primer encuentro, cogimos el tren más rápido del mundo rumbo a Tokio y nos reunimos con el Ministro de Gobierno para la Promoción de Sake en el mundo, los representantes de las cervecerías Kimon Akita, así como el Promotor de Turismo, whisky, cerveza y sake de Hokkaido y otras personalidades muy interesantes del mundo del sake en Tokio. Arriesgamos nuestras vidas comiendo Fugu, cada ración de pez globo es potencialmente mortal, lo acompañamos de los apropiados sakes (algunos cálidos, algunos fríos), y junto a Eryu, con su siempre sonrisa diabólica, nuestro salvador-torturador.

De estas reuniones ha evolucionado una relación y ahora estamos deseando presentar el panorama gastronómico de Ibiza con toda una gama de sakes exquisitos, extraordinarios y emocionantes, adecuados para acompañar sushi, pescados, carnes y postres.

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