Arthur Conan Doyle escribió en su Estudio en escarlata (1887): “Existe una roja hebra criminal en la madeja incolora de la vida, y nuestra misión consiste en desenredarla, aislarla, y poner al descubierto sus más insignificantes sinuosidades”. Y algo así es lo que lleva haciendo Marcos Torres (Ibiza, 1973) desde finales de los ochenta, cuando el diseño era una quimera en nuestro país, ponerle color –mucho- y dibujarle sinuosas curvas a la, en ocasiones, “incolora madeja de la vida”. Primero estampando sus diseños siempre pop, esa estética que no parece ir a marchitarse con el paso de los años, en los formatos más populares que pueda haber: camisetas, portadas de discos, cubiertas de libros, créditos de películas… Para acabar haciendo serigrafías y dando rápidamente el salto a las galerías de arte. Ibiza, Mallorca, Madrid, Santiago, Castellón, León, Brighton, Londres, Stuttgart, Hamburgo o Copenhague han sido anfitrionas de la explosión de color made in Torres y hasta la prestigiosa y severa Christie’s ha tenido a bien subastar una de sus obras. Obras que, por cierto, se codean en las paredes de las galerías como si tal cosa con los trabajos de Banksy, Dface, Shepard Fairey o Blek Le Rat.

La serigrafía parecía ser el medio natural en el que la imaginación desbordante de Marcos pudiera demostrar todo su poderío. Y así lo confirman sus nuevas entregas estampadas en Berlín, “Go!”, “Psychedelic dreams” y “Cherry Bomb”. Obras que al ser contempladas por primera vez por el artista le provocaron un sonoro ataque de risa “producto de los nervios –aclara el artista-. No había visto una bofetada de color igual hasta la fecha”. Pero, como buen Jedi, Marcos no podía, ni quería quedarse sólo –y este sólo tiene más ironía que todo el Reino Unido al completo- en el preciso arte de la serigrafía. Lo dice el maestro Yoda –ese diminuto ser que debería haber fundado su propia religión por el bien de la humanidad y que al que Marcos tiene como uno de sus incuestionables gurús ideológicos-: “Hazlo o no lo hagas, pero no lo intentes”. Así, cuenta el intrépido artista que en una de las últimas impresiones de sus espectaculares serigrafías, esa sensación que suele suceder al parto –la del alivio y la satisfacción- no llegó del todo, o al menos, lo hizo de manera mitigada, un tanto sorda. Hacía falta algo más. Y ese algo más era ¡pasar al formato tridimensional! Que las obras cobraran vida, luz, y relieve. Que adquirieran cuerpo y volumen. Dicho y hecho. El lema de The Smiths, “Hang the DJ”, que Marcos había convertido previamente en suyo, se hizo carne. Leds, una caja de aluminio, una soga en madera lacada, vinilo, neon… “¡Qué disfrute!” relata el artista. “El proceso, maravilloso, orgásmico. El resultado, espectacular. Todos los que llegan a mi estudio sin esperárselo, y lo ven encendido, ahí en la pared, se quedan con los ojos abiertos como platos… (risas)” Y esto sólo es el principio, uno más en la larga carrera de Marcos Marcos. Veremos qué nuevas aventuras aguardan…

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