No tanta gente sabe que Ibiza alberga una de las obras más bellas e importantes de la iconografía medieval que se conservan en España. Tras varios años de trabajos no exentos de alguna polémica, la sencilla aunque hermosa Iglesia de la Mare de Déu de Jesús vuelve a albergar su famoso retablo mayor. Esta joya de estilo gótico flamenco con algunos elementos renacentistas ha sufrido muchos percances y diversas restauraciones, siendo esta última la más importante. Pedro Miguel López, párroco de la Iglesia de Jesús, recuerda haber vivido cuatro: “es un milagro que haya llegado como ha llegado hasta nuestros días”. De hecho, nunca hasta ahora había podido apreciarse como ahora, con sus colores originales, esta gran obra pictórica que nos habla de la riqueza, la tentación, la vida y la muerte.

Encargado por los Dominicos a la familia de pintores valencianos don Rodrigo de Osona y sus hijos Francisco y Jerónimo como homenaje a la Virgen María, cuya imagen ocupa el cuadro central y más importante, el retablo se pintó entre finales del siglo XV y principios del XVI y fue pagado por la Universidad, el órgano rector de Ibiza en la época, con un cargamento de la entonces valiosíma sal. Sin embargo, muchos años después sería vendido, junto a la Iglesia de Jesús, a la Hermandad de Santa María, el clero de Ibiza, y los obreros parroquiales, que vendrían a ser los representantes del pueblo dentro de la Iglesia. Esto tal vez explique en parte el inmenso afecto que han tenido siempre los habitantes de Jesús por su retablo, pues como puntualiza el párroco Pedro Miguel “el retablo es del pueblo cristiano de Jesús”. Ese amor del pueblo por el retablo y la conciencia de su valor artístico hicieron también que se salvara de ser vendido durante la Guerra Civil.

Su hogar siempre estuvo en esta iglesia que comenzó siendo un convento franciscano en medio de la nada, en zona de marismas -“a dos metros de profundidad bajo el suelo hay agua de mar”-. Abandonada sucesivamente por los Franciscanos y luego por los Dominicos ante los continuos ataques moriscos, el convento estuvo mucho tiempo abandonado hasta convertirse en parroquia en torno a 1700. En los años 90 del siglo XX la Iglesia sufrió una gran remodelación, pero en 2014 tuvieron que iniciarse trabajos urgentes para proteger el retablo por las malas condiciones de humedad y temperatura. Y es que, por ejemplo, uno de los cuadros superiores ha perdido casi totalmente la pintura porque durante años una bóveda mal cerrada hizo que le estuviera lloviendo encima. La reforma acometida ha previsto evitar futuros problemas en este sentido acondicionando adecuadamente también la Iglesia.

En el retablo apreciamos una iconografía dominica con elementos franciscanos, en todo caso muy diferente de la actual. La predela, o franja inferior, nos muestra las diferentes estaciones de la Virgen María: Anunciación, Natividad o nacimiento de Cristo, Adoración de los Reyes Magos, Resurrección, Ascensión, Pentecostés y Tránsito de María. El cuerpo o tema principal es una Virgen María amamantando a su hijo y mostrando un pecho: la Virgen de la leche. Ante el rubor de algún feligrés, el párroco se pregunta “¿hay algo más natural que una madre amamantando a su hijo?”. Este cuadro central es uno de los más interesantes y cargados de simbolismo. Las manos de María, una joven y lozana, la otra cadavérica, nos hablan de la vida y la muerte, y el pájaro que se encuentra a sus pies con un collar de coral en el pico simboliza la tentación, es una representación del diablo. Encima, un cuadro típicamente franciscano: el sueño de San Francisco de Asís con Jesús sostenido por cuatro peculiares ángeles de alas rojas. En los restantes encontramos a San Antonio de Padua con una copa y un evangelio, a San Juan Bautista sin la vara con la que suele representársele, el milagro de San Gregorio, San Marcos y San Pedro. Todo el conjunto queda enmarcado por el guardapolvo, donde contemplamos, en unas tablas más pequeñas, las imágenes de San Sebastián, San Onofre, San Luis de Tolosa, San Vicente Ferrer, San Juan Evangelista, Dios padre -la imagen central y más deteriorada-, San Antonio Abad, Santa Catalina de Alejandría, San Nicolás de Bari, San Bernardo y San Roque.

No dejes pasar la oportunidad de contemplar una de las tres obras de arte más importantes de Ibiza, junto a las murallas renacentistas y la custodia de la Catedral. Una auténtica joya del arte sacro español cuya belleza podemos disfrutar hoy con mayor esplendor que nunca.

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