La recuperación del valioso legado documental de Domingo Viñets ha sido posible gracias al Archivo de Imagen y Sonido Municipal de Eivissa (AISME), donde se conserva buena parte de la extensa colección de fotografías y postales, formado por centenares de instantáneas, de este ilustre emigrante catalán. El Ayuntamiento de Vila ha publicado un catálogo que reúne muchas de sus obras, tanto de la ciudad como de otras localidades de la isla, en especial Santa Eulària del Riu y Sant Antoni de Portmany. También Formentera aparece en las páginas de este interesante libro, que refleja las grandes transformaciones que han experimentado las Pitiüses desde finales de los años veinte del siglo pasado. Es el testimonio palpable del desarrollo, a veces salvaje, de la industria turística. Y, por supuesto, no olvida la cultura popular y el costumbrismo de una sociedad que apenas había evolucionado hasta el desembarco de visitantes en busca de un rincón mediterráneo paradisíaco. Bonito y barato. Entonces aún lo era.

Pero, ¿quién era el tal Domingo Viñets? Nacido en Gurb, provincia de Barcelona, en 1893, viajó a Eivissa siendo muy joven, en 1915, por motivos de salud. Aquí halló la calma necesaria y el clima adecuado para lograr su restablecimiento. Y se curó. Echó raíces y al poco tiempo abrió una joyería en el ‘carrer de ses farmàcies’, nombre con el que se conoce a la calle , una de las vías más emblemáticas del casco viejo ibicenco. Sin embargo, no se conformó con su actividad profesional. Se aficionó a la fotografía y pronto se vinculó a Narcís Puget, un destacado profesional de la época. De esta intensa colaboración surgió un observador talentoso y embelesado por la belleza de la tierra de acogida. A lo largo de cuatro décadas, captó rincones, barrios enteros, de su nuevo hogar, sobre todo del puerto, la Marina, sa Penya, el recinto amurallado y el Poble Nou. Incluso es autor de la primera imagen aérea conocida de Vila, correspondiente a 1929, que hizo aprovechando unas maniobras militares en la playa de es Codolar a las que acudió el rey Alfonso XIII en persona. Recorrió la geografía insular y plasmó a sus gentes. Comprendió, y asimiló, la emergente fuerza del turismo. Hábil y siempre curioso, mostró hoteles, pensiones y negocios dedicados a la economía de su futuro, nuestro presente. Nos descubrió una realidad incuestionable. Estamos, sin duda, ante un precursor de las campañas publicitarias y los folletos promocionales. De hecho, trabajó con el Fomento del Turismo.

Hombre piadoso y generoso a la antigua usanza, Domingo Viñets cultivó otras virtudes, además de la fotografía y la edición de postales. Durante las fiestas navideñas, cuando más se aprecian estos detalles, acostumbraba a regalar juguetes a niños sin recursos. Articulaba su ayuda a través de la escuela de las monjas de San Vicente de Paúl. Los domingos, tras la misa, visitaba a familias pobres de sa Penya, uno de sus lugares favoritos. Era devoto y altruista. Padre de cuatro hijos, mandó construir un chalet precioso, Villa Rosa, en deferencia a su mujer, doña Rosaura. Como ya hemos insinuado, amó profundamente Eivissa, a sus habitantes y su entorno natural, el mar, el campo, el cielo, la luz: «Quedó seducido por la isla nada más doblar el espigón. Y se estableció de manera definitiva entre nosotros”, recuerda cincuenta años después de su muerte Fanny Tur, directora adjunta del Institut Ramon Llull y artífice del libro. Rinde homenaje a este excelente fotógrafo que no vio simples paisajes con ojos de caja registradora, sino con mirada de admiración y complicidad.

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