La isla de Formentera constituye un punto estratégico en el Mediterráneo que fue aprovechado por diversos pueblos del entorno para desarrollar distintas actividades la mayoría de ellas de caràcter militar e incluso de piratería.

Durante los siglos XVI y XVII la isla se convirtió en el centro de la ofensiva turca y bàrbara del Mediterráneo occidental al estar despoblada desde el siglo XIV y a medio camino entre Europa y África, lo que propició que fuera tomada como base de operaciones de la armadas otomana y corsaria.

Para paliar esta situación y defender la isla de invasiones y ataques, desde Ibiza se decidió la instalación de varios puntos de vigilancia alrededor del litoral que sirvieran para dar alarma en caso de peligro y activar así el sistema defensivo de la mayor de las Pitiusas. Para comunicarse entre cada uno de estos puntos estratégicos de día se utilizaba humo y para avisos nocturnos el recurso eran las hogueras.

Según apunta el historiador formenterés, Santiago Colomar, “la inseguridad marítima y la habitual presencia de enemigos en la isla no impedía que los ibicencos continuasen acudiendo a Formentera para aprovechar sus recursos naturales ya que no se trataba de una isla abandonada, sino solo deshabitada desde la epidemia de peste negra acaecida a finales del siglo XIV.

El panorama defensivo se completó durante el siglo XVIII con la construcción de la torre de sa Guardiola en el islote de Espalmador entre 1749 y 1750 y en los años sucesivos se erigieron nuevas fortalezas en Punta Prima, Es Cap de Barbería, Es Pi des Catalá y la denominada torre de La Gavina ubicada en el área de Punta Pedrera. Todas estas torres fueron preparadas para incorporar piezas de artillería y así servir no sólo para actividades de vigilancia sino también como torres de defensa activa, como ocurrió fundamentalmente con las ubicadas en es Cap y en la zona de Mitjorn.

IBIZASTYLE_TORRESDEFENSA-009Las torres de defensa constituyen en la actualidad uno de los reclamos arquitectónicos más importantes de la isla y una buena excusa para realizar paseos a pie o en bicicleta hasta los estratégicos enclaves naturales donde se encuentran ubicadas. Todas ellas se encuentran en un óptimo estado de conservación y la última en haber sido restaurada es la denominada Torre de la Gavina. La torre de la Gavina data de 1763 y forma parte del conjunto de atalayas construidas en las Pitiusas entre los siglos XVI y XVIII.

Según el informe redactado por el arquitecto formenterés, Marià Castelló, encargado de su restauración la que fue iniciada en abril del año 2007 y finalizada en el mes de junio de 2008, “se trata de un edificio de volumetría troncónica con un diámetro inferior de 12,35 metros y una altura de 8,74 metros”.

La torre cuenta con dos niveles y una plataforma superior y en la primera planta se ubica la cámara principal la que cuenta con una puerta de acceso ubicada al Noroeste. La planta baja dispone en el ala sur de un almacén y una sala destinada en la antigüedad como polvorín. Por otra parte la plataforma cuenta con un espacio descubierto delimitado por un parapeto continuo desde donde se obtiene una importante profundidad visual.

El arquitecto apuntó además que, “la intervención de reconstrucción de esta torre de defensa tuvo como objetivo más relevante garantizar la integridad global del monumento, permitiendo que el edificio manifieste todas las carácterísticas que el tiempo le ha ido confiriendo, aumentando el caràcter y la identidad del mismo”.

En la mayor parte de la reparación se han utilizado los mismos materiales que en la construcción original, formados por piedra, mortero de cal y marés. Asimismo, se han restituido solo los elementos más importantes manteniendo el respeto al sustrato original.

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