Tres tonos de llamada y una joven contesta al otro lado de la línea: «No, no hay problema, a las cinco…» y se despide con una simpática carcajada. No hay matices de maldad en la voz, ni siseos lascivos. La mujer podría haber susurrado un memorable «De acuerdo, encanto, ¡hasta luego!» al auricular. Esto no habría resultado del todo extraño dado que, al fin y al cabo, durante la lectura de los relatos «Lieblingsblau I» y «Lieblingsblau II», que se desarrollan en la playa de Las Salinas y en la que la protagonista disfruta de un baño en las olas en el que «solo se concentra en lo que siente entre las piernas, porque con cada movimiento una lengua húmeda y suave parece lamerle los pequeños pliegues ocultos de su sexo», uno tiene enseguida la impresión de que tras estas líneas se esconde una femme fatale que está de vuelta de todo y espera envuelta en un salto de cama de seda mostrando su generoso escote mientras fuma cigarrillos con boquilla. Cuando el camino se desvía hacia su… (no, no se trata de una carísima villa de lujo) refinada casa de campo, la entrevistadora se siente ligeramente turbada; a fin de cuentas, no todos los días se llaman las cosas por su nombre a la hora del té.

IBIZASTYLE_SEXNORMAL-001Sonriendo amablemente, Luna von Eisenhart Rothe se acerca lentamente a través de un prado poblado de flores, y dos minutos más tarde su invitado disfruta de una taza de té de menta fresco, hundida de rodillas en una suave butaca y reconfortada por la presencia de una mujer natural, decentemente maquillada, en pantalones tejanos y con unos sinceros ojos verdes. Nacida en Algovia, Luna llegó a Ibiza por primera vez en 1990 como turista de «todo incluido» cuando contaba 20 años. Impresionada por el carácter abierto de las personas y la isla (y en aquel entonces también por la vida nocturna), dejó expirar su billete de vuelta y se quedó. Se ganó la vida como bailarina en «Ku» y más tarde en «Amnesia», regresó a Alemania durante varios años y en la actualidad lleva tres viviendo en la isla. Recientemente ha publicado su segundo volumen de relatos eróticos con el título «Ganz nackt» («Completamente desnuda»).

¿Les molesta a sus amigos que alabe los rincones secretos de la isla como lugares ideales para el sexo y que no le parezca negativo que se relacione Ibiza con el sexo?

«No, más bien al contrario, a la mayoría les parece bien», dice sin vacilar. «Me llama la atención que, al leer las historias, algunos abren los ojos como platos y se preguntan: “¿Por qué no he estado nunca allí?”, o hay otros que descubren por primera vez que podrían pasarlo bien practicando el sexo.

IBIZASTYLE_SEXNORMAL-004Además, no se puede olvidar que mis libros tratan ante todo de sexo. Pero quien lea detenidamente la historia “Lieblingsblau I” se dará cuenta de que esconde algo más en el fondo. En cierto modo, he escrito una carta de amor a Ibiza.» Cuando se le pregunta en qué momento descubrió su pasión por la escritura, Luna responde que quería ser escritora desde pequeña y que todavía hoy consulta el diccionario Duden de sinónimos que le regaló su tía con motivo de su octavo o noveno cumpleaños. Después de leer por enésima vez un libro erótico muy malo, comenzó a escribir. Extrae un cigarrillo light de la cajetilla, lo enciende y tras una pequeña calada dice mientras suelta el humo: «En realidad, disfruto de vez en cuando de la lectura de libros eróticos, solo que hay pocos que me gusten, porque no puedo soportar las imágenes demasiado acarameladas como “Y el príncipe llegó en su blanco corcel” o cuando no se llama a las cosas por su nombre y se habla de “pétalos humedecidos por el rocío”.» Después de todo se trata de cosas que tenemos en nuestro cuerpo y por tanto se pueden nombrar. Por eso he pensado, en fin, que siempre quise escribir, así que mejor dedicarse simplemente a escribir mis propias historias (risas).»

En lugar de una vida pomposa, ha elegido de forma consciente un estilo de vida realista, porque al fin y al cabo no ha escrito las historias para sentirse realizada, sino para decir a sus lectores: «Eh, amigos, el sexo es la cosa más normal del mundo… ¡y además algo maravilloso!»