El actor se ha curtido a lo largo de más de veinte años de carrera en decenas de películas ya míticas del cine español:  Jamón Jamón (Bigas Luna), junto a Javier Bardem y Penélope Cruz; Historias del kronen (Montxo Armendáriz); La flor de mi secreto (Pedro Almodóvar); La buena estrella (Ricardo Franco); Son de mar (Bigas Luna); en obras de directores como Peter Greeneway (autor de películas de culto como El contrato del dibujante), o en superproducciones como Blow (Ted Demme), Encontrarás dragones (Roland Joffè), Colombiana  (Olivier Megaton); Riddik  (David Twohy).

Jordi ha trabajado mucho hasta convertirse en algo más que un gran actor secundario. ¿Cuál es su siguiente paso adelante? Acaba de regresar de una escala en Milán, y anteriormente de Londres, donde está filmando Criminales, junto a Kevin Costner. Siempre con varios proyectos al mismo tiempo.

¿Qué importancia le das a la moda y a su mundo? Hubo un tiempo en que chicas y chicos jóvenes soñaban con ser actores; pero ahora todos quieren ser modelos. ¿Está la moda socialmente sobrevalorada?

Cuando te asomas a otras disciplinas ves todo un mundo nuevo. Ayer mismo estaba en Milán pasando por la vía Santa Tecla con un Editor Jefe de Vogue y me asombró su sensibilidad no solo con la moda, sino con la arquitectura y la pintura de la ciudad. Para mí la palabra moda tiene dos sentidos. Uno es la alta costura, reservada para unos pocos. La otra, la más común de pret-a-porter, yo creo que ha hecho mucho bien socialmente, porque ha dotado de una identidad a la gente. A mucha gente de clase media y media-baja le ha ayudado a pertenecer a un grupo social, a una tribu, para que al final una jovencita se cubra de trapos y piercing y le diga a su madre: “Mama: ésta soy yo”.

¿Qué es para ti  la elegancia en un hombre? ¿El traje hace al hombre, o el hombre al traje?

La elegancia es un estado del alma.  Yo he visto en Londres pasar por la calle un camerunés, o un indio, con apenas unas telas encima y un pantalón, y decirme a mí mismo: qué elegancia. Ante todo, hay que ir vestido, no disfrazado. En Hollywood, mi amigo Johnny Deep, por ejemplo, se puede permitir vestir de manera muy especial, ha creado ropa con un toque grunch gamberro que puede quedar muy bien. En la red carpet (alfombra roja) puedes ver a actores como Joaquin Phoenix, Philip Seymour Hoffman (ya fallecido) o Antonio Banderas, vistiendo muy normal. Pero las chicas lo tienen mas complicado.

Además de actor eres pintor desde hace muchos años. ¿Por qué esa necesidad de pintar? Qué te mueve: la sensualidad, la melancolía?  ¿Cuáles son tus demonios interiores?

¡Los demonios interiores son buenos! Son como motores fueraborda para hacer cosas.  Me fio más de aquel que pinta un monstruo que de aquél que pinta una puesta de sol. Por ejemplo, Francis Bacon pintaba cadáveres y gente enferma. Pero si lees sus entrevistas ves que era una persona excelente y con un gran corazón. ¿Quien hay detrás? Yo soy un actor: un día me levanto de pirata, y otro día vestido de otra cosa: melancolía, tristeza, todas las caras. Igual sucede con la pintura.

¿Qué echas de menos del Hollywood dorado de los 40’s, 50’s, 60’s, en la industria del cine, los actores, o las películas?

La verdad es que no he prestado mucha atención a esa época dorada. Conozco más el cine italiano de Passolini o Visconti, la nouvelle vague francesa, o el cine español de las décadas 50’s- a 70’s. Creo que hoy vivimos una gran paradoja. Hemos perdido mucha libertad: aquella generación de cineastas sufrió la segunda guerra mundial, pero luego vivieron en una gran libertad. Hoy desde arriba quieren vendernos que somos libres, pero no es cierto. Vivimos en una especie de dictadura invisible que hemos comprado. No es un estado de guerra, pero ves cosas que te hacen pensar, como esa gente desahuciada de sus casas por la policía por no poder pagar. Cuando más libertad aparente tenemos, somos menos transgresores, menos libres.

En el cine, antes había más libertad: en El fantasma de la libertad, Buñuel sentó a un grupo de burgueses cenando sentados en tazas de váter. Esa libertad no existe hoy a la hora de hacer un guión, salvo unos pocos que se han reservado ese reducto, como un Lars Von Triers.

jord molla Ibiza Style

Del panorama del cine actual, español, europeo, o americano, qué grandes referentes tienes como Director, actor o actriz?

No resulta fácil. Te contaré una anécdota: una vez un agente cinematográfico me pidió que le diera nombres de directores con los que me gustaría trabajar. De los setenta  nombres que le dí, resultó que cuarenta de ellos ya habían muerto. Pero, en fin, de esos treinta restantes, seguro que son todos estupendos. Otra cosa es con cuáles de ellos funcionaría, porque en la práctica trabajar es algo muy distinto. En cuanto a  actores,  me gustan muchos desde Daniel Day-Lewis o Charlotte Gainsbourg, hasta aquel viejo actor español, Pepe Isbert. Hoy veo sus películas de nuevo y me parece un genio.

Ves mucho cine?   

Sí, veo películas en vídeo y me detengo una y otra vez en las escenas. Para mí es algo muy intenso, un hartazgo, es como comerse veinte cochinillos. Aprendes que, sea cual sea el resultado,  ninguna película es mala en el fondo, todas merecen respeto.

De todas tus interpretaciones hasta el momento, ¿cuál valoras más? ¿y por qué?  

Es muy difícil decirlo, por lo que te comentaba antes. En cierta manera, elegir una significa descalificar al resto.  Y eso sería muy injusto con la profesión: actuar supone un compromiso, un actor tiene que estar ahí, has firmado por seis meses o un año; no es como un maquillador que puede irse en cualquier momento si quiere.

Tengo un buen recuerdo de mis películas de los 90’s, un momento en que se hacía un gran cine en España, con directores como mi querido Bigas Luna, Alejandro Amenábar, Julio Médem.. También la película El cónsul de Sodoma, donde protagonizaba al poeta Jaime Gil de Biedma: me leí la biografía del poeta de Miguel Dalmau, recité sus poesías, estudié los DVD, los archivos de audio con su voz original.

En Hollywood, en el rodaje de Blow al principio no sabía lo que hacía. Tres personas me ayudaron mucho a hacer mi camino y consiguieron que yo venciera mis miedos: Ted Demme, Penélope Cruz y Johnny Deep. Después, con muchos otros he encontrado esa conexión, por ejemplo en Heart of the Sea con Ron Howard (director de Cocoon, o Una mente maravillosa) quien fue actor él mismo anteriormente.

Vale, pero insisto: qué interpretación valoras menos? Has hecho algún papel del que te hayas avergonzado a posteriori? ¿Algún error que hayas aprendido?

Sí. En alguna ocasión me he dejado influir por la presión a mi alrededor. Viví una situación dolorosa, en una película que no te diré el nombre. Entonces yo no quería hacer el papel, pero me ví obligado. Aprendí que el artista tiene que saber muy bien a dónde va, no debe dejarse arrastrar por un mánager o un publicista. Esa lección me sirvió cuando me ofrecieron un papel en Lost: lo rechacé simplemente porque no quería pasar seis meses en Hawai rodando.

Estás rodando en Londres tu próxima película, Criminal, ¿que interés tiene tu papel ahí más allá de estar rodeado de estrellas?

Es un thriller de Ariel Vromen, con un reparto espectacular donde están Kevin Costner, Gary Oldman, Tommy Lee Jones o Gal Gadot. Cuando me lo ofrecieron, me dije: con ese reparto aquí me matan en la página cinco. Pero no: en la trama hago de hacker informático, un antisistema que se puede meter en cualquier programa. Alguien para quien es necesario destruir el orden existente: la policía, las leyes, las instituciones, para construirlo todo de nuevo. Algo en el fondo muy actual.

¿Qué tipo de papel te gustaría firmar como actor principal? ¿Preferirías dar vida a un personaje famoso o histórico, o dar vida a un personaje anónimo, totalmente inventado?

Interpretar a una figura histórica ayuda mucho. A veces he mencionado a Dalí, Jesucristo, o a Eugenio (un gran humorista español, ya desaparecido). Pero el personaje anónimo es un una perla escondida en la arena. Mira por ejemplo Accatone de Passolini: el protagonista no es más que un pobre, y sin embargo transmite una fuerza inmensa: su rabia, su fe, sus contradicciones: al final se mata con una moto, y dice: “por fin”.

De cara al futuro, te ves profundizando como Director, o seguirás siendo fundamentalmente actor?

¡Actor!. La dirección la veo como algo más puntual. Los directores deberían nacer con una cláusula de vida de doscientos cincuenta años, porque se tarda mucho en llevar a cabo un proyecto, hay que pelear con mil cosas. Dirigir es mil veces más duro que ser actor.

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