EHubo un tiempo en que la arquitectura no era el fenómeno de masas en que ha devenido con el transcurrir de los años y en el que los arquitectos más que dioses eran maestros al servicio de la sociedad. En este contexto, en el de una Europa imaginativa que sirve de escenario al nacimiento de las vanguardias, hay que situar la figura de Josep Lluís Sert (1901-1983), junto con Gaudí, el más internacional y renombrado de los arquitectos españoles del siglo XX, autor de obras tan emblemáticas con la Fundación Joan Miró (Barcelona), el edificio Peabody Terrace (Cambridge) o la embajada de EEUU en Bagdad. Una carrera prolífica, marcada por el viaje, la heterogeneidad de su pensamiento, su amistad con Le Corbusier y un modo de actuar decididamente mediterráneo. Fue aquí, en Ibiza, donde Sert encontró sentido al que sería su inconfundible estilo: blanco, cúbico y sin excesivo ornamento en un continuo diálogo entre arquitectura y ciudad. Urbanismo racionalista el de un teórico pionero que dejó su impronta en la isla que tanto le inspiró y cuya obra, incluidos sus trabajos en Ibiza (Cala d’en Serra, Cala Blanca y Punta Martinet, entre otros), puede visitarse hasta el 16 de septiembre 2009 en la demarcación pitiusa del Colegio de Arquitectos de las Islas Baleares bajo el patrocinio de la Fundación Caja Cataluña. ‘Sert, medio siglo de arquitectura: 1928-1979’ es una cuidada antológica que incluye proyecciones, maquetas, fotografías y filmaciones de gran formato con el fin último de acercar al espectador a esta figura clave de la creación artística del pasado siglo.