De la granja a la mesa’ ese es la filosofía de la Granja de Santa Gertrudis, según nos indica su director, Agustín Felipe Rodríguez, mientras explica la actividad que allí se desarrolla. Lleva abierta desde 1973, pero durante muchos años se dedicaron en exclusiva a la producción de la leche, que primero se envasaba en bolsas pasteurizadas de 1 litro y más tarde en bricks cartón que compramos hoy en día. Pero desde entonces, las funciones de esta granja han evolucionado mucho, adaptando mejoras para el ganado y ampliando los productos que demandan sus clientes.

Así, fueron incorporando a su producción otros derivados lácteos, como el queso, la mantequilla, el yogur y la nata. Todos ellos pueden conseguirse en los supermercados de toda la vida, en las grandes cadenas, como Eroski, o en la propia granja, que tiene un horario de apertura al público de lunes a viernes de 8,00 a 19,00 horas y los sábados de 8,00 a 13,00. Aunque también disponen de un servicio a domicilio que aún se está dando a conocer.

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Agustín asegura que “son los clientes extranjeros ingleses, alemanes y franceses, los que más valoran la leche como producto local, por encima de los propios autóctonos”. De hecho, en invierno los pequeños núcleos, como Jesús, donde existe mayor concentración de población extranjera es donde más venden, superando incluso a las grandes superficies. En contraposición, comenta que “los ibicencos valoran más el queso curado y semicurado”. Al igual que las pastelerías se abastecen de su queso fresco para elaborar el flaó, típico postre ibicenco.

Ahora el principal objetivo de la Granja es expandirse para poder llegar a todos los puntos de la isla, especialmente de cara al mercado de la carne en el que comenzaron a comerciar el año pasado. Importaron dos nuevas razas vacunas, Angus y Wagyu, desde Escocia, Irlanda y Australia, destinadas a la venta cárnica. Éstas, sumadas a las Frisonas, que son las más abundantes al estar dedicadas a dar leche, componen en la actualidad un ganado de más de 430 cabezas, que disfrutan de todo tipo de lujos.

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Las vacas duermen sobre camas de goma acolchadas con paja, para cuidar la higiene de las ubres; cuentan con cepillos que se activan automáticamente para darles masajes; escuchan música que les relaja durante el ordeño y comen a base de forrajes, producidos en Ibiza, además de alfalfa, algarroba y cereales molidos que importan de la península. Este proceso, en continua innovación, pretende mejorar el bienestar del animal y aumentar la calidad de sus productos.

Todo este trabajo les ha ayudado a ganarse, en un sólo año, a clientes de la talla de los grandes hoteles Hard Rock y Ushuaia, entre otros, a los que proveyeron durante el verano. “La experiencia del año pasado con el comercio de carne fue muy buena, se vendió todo, por eso este año esperamos consolidarnos”. De cara al próximo invierno, se proponen mantener también el mercado, por eso ya poseen sus propias salas de despiece y maduración. Pero de momento están preparados para afrontar un verano que promete mucho.