Muy oportuno, me digo a mí mismo. Tanto como el zumbido del helicóptero de la Guardia Civil que destroza la serenidad de la tranquila mañana en Ibiza. Deben estar vigilando el yate del Rey de España. Sonriendo, sentado delante mío, tengo a otro miembro de la familia real… Del universo musical, en este caso.

Mientras que la década de los 80s vio a DJ Alfredo poner en marcha la primera incursión de la Isla Blanca en la paz, el amor y la armonía; 20 años antes un grupo de adolescentes, académicos y muy talentosos, formaban, a caballo entre Cambridge y Londres, una de las mayores bandas de rock de la historia. Su nacimiento coincidía con el primer verano del amor.

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Con más de 250 millones de discos vendidos en su haber, Nick Mason se ha ganado el derecho a ser un hombre feliz. Señalo hacia el cielo, al helicóptero que acaba de desaparecer en la distancia, y le pregunto sobre su otra gran pasión. Es dueño de un par de aviones y le encanta volar. «Pink Floyd teníamos que viajar en aviones muy a menudo por todo el mundo, y era algo que me aterrorizaba. Un buen día, un amigo que era piloto me llevó a su lado y me dijo: ‘Nick, la única manera de vencer tu miedo es aprendiendo a volar’. Y tenía razón. Tengo que admitir, que fue el tratamiento  terapéutico más caro de la historia. Pero funcionó», dice sonriendo. Mi esposa Annette también sabe pilotar ¡Pero me da un poco de rabia, porque ella ha aprendido por placer!».

Los Masons son propietarios desde hace tiempo de una casa en Es Cubells, y son una de las parejas más queridas en la isla. Llegaron por primera vez a las costas de Ibiza en el barco de Roger Taylor, el baterista de Queen. Atracaron en el puerto y dejaron a sus dos hijos adolescentes que descubrieran la isla libremente. No les vieron durante días, se lo pasaron en grande. La semilla había sido plantada.

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Muchos hombres a los 70 años, serían felices con un buen libro y una taza de té, mientras entran en la deriva de los últimos años de su vida, pero este genio de los tambores rehuye de la tranquilidad. El año pasado fue visto en la pista de baile en el Opening de Space, en una fiesta de David Guetta y en un allnighter de Pete Tong. Hay mucha vida todavía en el cuerpo de este perro viejo del rock. ¿Qué piensa de los salarios de algunos de estos DJs?, le pregunto. ¿Le resulta ofensivo? «Al final, el negocio es negocio y el mercado siempre dicta lo que las personas van a cobrar. He oído esas historias que dicen que Calvin Harris ha ganado un millón de dólares actuando en Las Vegas… Pero, ¿y qué? ¡Mira los sueldos de los futbolistas famosos! Otros pensarán también que a Pink Floyd nos pagaron demasiado cuando giramos por América. Sea como sea, una de las cosas que encuentro fascinante estos días, es el término ‘DJ’. Lo que conocemos hoy por DJ es un contraste absoluto con lo que se hacía en el pasado. Viejos DJs de los 60s como Tony Blackburn pinchaban un disco detrás de otro, nada comparado con lo que hacen genios de la actualidad como Goldfish. La construcción de un set es ahora algo mucho más complejo. Por otro lado hay otra tendencia que recuerda a los días de Phil Spector y Trevor Horn, cuando los productores eran más importantes que los cantantes. Algo parecido pasa con los DJs ahora. Ellos son las estrellas del pop, los que generan más dinero y los capaces de conducir un Rolls Royce en una piscina si así lo desean».

¡Ah! Me preguntaba cuándo iba a surgir el tema de los coches. El icónico piloto de carreras Stirling Moss describió una vez el término ‘diez décimas’ como «ese momento fugaz en que el piloto y su coche entran en su último límite». Un nombre perfecto para la compañía de Nick en UK que se ocupa de su propia colección de coches deportivos. Una colección formada por bellezas históricas como el 1901 Panhard et Levassor, Bugatti Type 35B, Maserati Birdcage, Frazer Nash, McLaren F1 GTR y por supuesto su famoso Ferrari 250GTO, que vale decenas de millones de libras.

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«Siempre he comprado coches, no porque quisiera una colección, sino para conducirlos. Aunque cuando empezamos a adquirir estas máquinas siempre tenía que respirar profundamente antes de firmar el cheque. No por el tema del dinero, sino por el hecho de parecer idiota comprando coches tan particulares. ¡Pero siempre me ha encantado!

¿Qué opina de los problemas de tráfico en verano en Ibiza?, le pregunto. Parece que cada año los atascos comienzan antes. “Oh, es como en todas partes, más y más coches en la carretera, y todos cada vez más grandes. No hablo sólo de las Hummers, ¡Incluso un nuevo Golf ahora parece un MK1 con esteroides! Creo que el súper coche del futuro será el coche eléctrico. No estamos preparados para él todavía, la situación financiera global es inestable para acometer una inversión tan importante, pero será determinante dentro de unos años».

Una de las cualidades más entrañables de Nick Mason es su deseo de mirar siempre hacia el futuro. Aunque nunca le ha molestado hablar sobre los viejos tiempos de Pink Floyd y reconoce totalmente lo difícil que resulta para los músicos jóvenes labrarse un camino en la actualidad.

«El principal problema es la monetización de la música, el arte de vender discos y ganar dinero con ellos es cosa del pasado. Sin estas bases resulta muy difícil para un artista dar el paso, establecerse en la escena y ganar dinero con los conciertos. Luego tenemos el problema de las discográficas, están invirtiendo tan poco que ya no ven retorno. Hubo un tiempo en el que un sello podía contratar a un artista que le gustara, para probar si funcionaba a nivel comercial. Tomaban riesgos. Pero eso ya no pasará nunca más. Estoy interesado en el escenario actual de la industria y participo activamente en ella como co-presidente de Featured Artists Coalition. Se trata de un grupo de presión que trata de influir en la legislación del gobierno en asuntos tales como la piratería y los derechos de autor. Animo a cualquier persona que se gane la vida con la música a unirse a la coalición ¡Es gratis! Cuanta más gente seamos, más influyentes seremos».

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Pink Floyd fueron los maestros de los conciertos en directo: dinámicos shows de luces, su muro de ladrillos de 50 metros de altura, camas voladoras, el avión a escala real estrellándose en el escenario, pirotecnia, bolas de brillo gigantes, hinchables enormes, el cerdo volador de grandes proporciones, el refrigerador lleno de serpientes y, por supuesto, las marionetas.

«Es sorprendente lo mucho que la tecnología ha avanzado desde los días de The Wall, hace 30 años. Un amigo mío me llamó hace poco y me habló con entusiasmo sobre la increíble producción de los conciertos de Take That o lo que hicieron Coldplay con sus pulseras luminosas, que me pareció maravilloso. Como banda nos dimos cuenta de que, debido al tamaño de los estadios en los que tocábamos, se podía hacer mucho más que los otros grupos, que se limitaban a tener una cámara frente a ellos y proyectar la filmación en pantallas».

Entonces, ¿qué hay de esas otras formaciones de los años 60 ?¿Hubo competitividad real con grupos como The Beatles, The Kinks o The Stones? «Bueno, cuando aparecimos éramos los nuevos en comparación con bandas como The Beatles. Pero sí había competencia, y muy dura. Obtener un Nº1 siempre fue una batalla muy reñida. Pero a medida que pasa el tiempo te haces amigo de los demás músicos y todo se vuelve menos relevante. Aunque tengo que admitir que fue genial el año pasado cuando lanzamos nuestro álbum The Endless River y vi que estábamos vendiendo más que One Direction».

¿Todavía va a conciertos? le pregunto. Si es capaz de ir al Opening de Space seguro que también va a conciertos… «Ja, ja, sí, sigo yendo. Me encanta Eric Clapton, sobre todo cuando toca con Steve Winwood. Peter Gabriel también es grande, y tengo que mencionar a Kaiser Chiefs y Sea Sick Steve, ¡Brillantes! Curiosamente el último concierto que vi fue en un pequeño pub en Inglaterra donde mi hijo estuvo tocando R&B. Algo diferente, pero me gustó mucho».

Y con esto termina su café y contempla qué hacer en otro hermoso día en Ibiza. «Lo mejor de esta isla es que puedes ser lo que quieras. No hay reglas. Puedes hacer el hippy en el norte, vivir la Ibiza chic en el sur… O experimental el clubbing. Es perfecto».

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