Poco antes de cumplir ochenta años, el filósofo Antonio Escohotado vino a morirse a Ibiza. Y lo hizo con la valerosa elegancia de un humanista muy hedonista, con su cabeza privilegiada y absolutamente lúcida, con el corazón erótico y la generosidad de compartir su mundo de sagrada libertad individual con muchos curiosos que le frecuentaban como si fuera un santón.

Se instaló en una cabaña en Pou des Lleó que pronto se transformó en una especie de lugar de peregrinaje de escritores, periodistas, profesores universitarios, youtubers, barmans, traductores de Naciones Unidas, políticos, actrices, potentados, yonquis,  vendedores de armas, traficantes de droga, constructores, vulcanólogos…, cocktail de diversas gentes (Diversità delle creature, sirena del mondo!), hambrientas de sabiduría o magia por contacto personal con un chamán muy generoso a la hora de mostrar su conocimiento de la vida.

Lo cuenta el periodista Ricardo F. Colmenero en Los penúltimos días de Escohotado, libro que recoge sus charlas durante nueve meses en Ibiza. El libro es luminoso, divertido y muy revolucionario frente a árida gilipollez de la dictadura del más bajo denominador común que la corrección política quiere imponer. Conversan sobre misterios dionisiacos y misterios eleusinos, ordalías argentinas (el filósofo casi se pega con Maradona), aprovechados políticos de la teta pública descritos como “cantamañanas advenedizos”, proyectos de incursiones suicidas a lo Grupo Salvaje de Peckinpah para liberar la Ruta de la Seda, la búsqueda del conocimiento como senda a la felicidad…

Una corrección política que el sincero y valiente Escohotado nunca tragó y, por supuesto, tampoco en tiempos de totalitarismo vírico: “La epidemia tiene como renta política aumentar el control, que es la lógica interna del poder político”.

Profesor de Filosofía, Derecho y Sociología en la Universidad de Madrid, ensayista, psiconauta, amante de los placeres de Afrodita y los frutos de Dionysos, seductor y conversador apasionante, su obra más difundida es la Historia General de las Drogas,  que fue escrita en la cárcel; un referente para psiquiatras, farmacéuticos y consumidores en todo el planeta, un recorrido por todas las culturas. Pero también Rameras y esposas, El espíritu de la comedia, Retrato de un libertino o la monumental Los enemigos del comercio.

Escohotado vino a Ibiza “en busca de aventuras” en 1970 y vivió catorce años, más freak que hippie,  en una casa en el campo por San José, sin luz ni agua corriente. Ganaba dinero con sus traducciones de Newton, Hobbes, Joyce, Celine, Faulkner, Cioran… y se zambullía en la corriente placentera de la isla con sus bellezas y estimulantes. ”Aquí estaba en marcha la revolución sexual., a mi juicio la única revolución válida, duradera y justa. Fue muy satisfactorio poder contribuir porque era el tipo de revolución que se hacía con absoluto placer”.  De tal manera podía cumplir su máxima: “Las únicas actividades dignas de los seres humanos son estudiar y fornicar”.

 

También fundó la discoteca Amnesia, casa payesa al aire libre, con una barra y música en vivo, sueño de Sex&Drugs&Rock `n`Roll. “Quise prolongar la existencia de La Tierra, que era un bar genial”. Muchos años después regresó una vez a la mítica discoteca, pero lo que vio le pareció “infernal”.

“La cruzada contra las drogas ha tenido y tiene el mismo efecto que la cruzada contra las brujas” dice el filósofo partidario de la legalización de las drogas, harto de tanta hipocresía. Sabe muy bien de lo que habla, pues comenzó a experimentar, como si fuera un cobaya, en el laboratorio social ibicenco, al más puro estilo del poeta sufí Hafiz: “Temo que al alzarse la aurora, el día de la resurrección, sea el crimen tu abstinencia, y no mi placer báquico”.

La cultura grecorromana pensaba que las drogas son espíritus neutros. Y Escohotado, hijo espiritual de Albert Hofmann, se muestra de acuerdo: “No hay drogas buenas y malas, sino usos sensatos o insensatos de las mismas”. En ellas busca conocimiento, aceptando su responsabilidad: “La razón para tomar drogas es para conocerte a ti mismo. Hay que tomarlas queriéndose a sí mismo, respetándose y, por supuesto, respetando a los demás”.

Descubre que magia, farmacia, religión van de la mano: “Los grandes fármacos visionarios son el origen de casi todas las religiones de la Tierra, porque en origen, comer y beber el dios, comer la hostia, es siempre comer una hostia psicoactiva”.

Filósofo rebelde, admira especialmente a Heráclito, Aristóteles, Spinoza y Hegel, también a Freud y Einstein, Prigogine y Mandelbrot. Siempre clásico, recomienda: “Hay tres condiciones del sabio: nada en exceso, no pidas imposibles y conócete a ti mismo”.

Escohotado desprecia a los fanáticos, desnuda a los hipócritas y no aguanta el victimismo.  Afirma que aprender es disfrutar cambiando de idea y que la droga más potente es el pensamiento: “El miedo se cura con libertad y el conocimiento repele la servidumbre.”

Pocos meses antes de morir, en su querida Ibiza, confesó a Ricardo F. Colmenero: “A mí lo que me interesa es vivir mi vida con amor propio y dejarla con elegancia”. Genio y figura.

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